El 20 de enero es una de las fechas religiosas con las actividades más multitudinarias del año. Después de la Virgen de Lo Vásquez, San Sebastián en Yumbel es la segunda peregrinación que reúne más fieles en Chile.
¿Por qué esta devoción? ¿Qué significa pedirle “una manda” al Santo que además tiene fama de “cobrador”? ¿Quién era Sebastián?
Era la época de los emperadores en Roma. Conocidos por consultar a la diversidad de dioses en sus oráculos, y por mantener una marcada diferencia con la plebe o sus ejércitos, difícilmente iban a convivir con miembros de la plebe que defendieran un monoteísmo.
Sebastián nació en el año 256 en medio de una familia de militares nobles, en Narbona -una ciudad al Sur de Francia-, y se educó en Milán (Italia). Fue militar romano, no obstante, y en secreto, realizaba su apostolado con amigos y familia, practicaba la caridad y llevó a muchos de sus conocidos a convertirse al cristianismo. Viviendo en una época de persecución, es probable que al ser testigo del martirio que sufrían otros cristianos, se sensibilizó ante el padecimiento de sus pares.
Siendo militar no practicaba los actos de adoración a dioses, pero sí cumplía con rigor la disciplina militar. Fue así que contó con el respeto y apoyo del emperador Diocleciano, quien, sin saber que era cristiano, llegó a nombrarlo jefe de la primera cohorte de la guardia pretoriana imperial. Sebastián aprovechó así su cargo militar para proteger y ayudar a muchos cristianos perseguidos.
Su noble propósito tuvo final. Quizás traicionado, fue denunciado ante Maximiano -que en el año 286 gobernaba Roma junto al emperador Diocleciano-, haciéndole ver que su militar Sebastián no adoraba a los dioses romanos. Ante los hechos, la autoridad le hizo elegir entre dos cosas que entonces eran incompatibles: o era soldado romano, o era cristiano.
Sebastián no renunció al cristianismo, y sería soldado de Cristo, lo que fue tomado como un desafiante desaire al emperador. Este no solo le quitó su rango militar, sino que también ordenó torturarlo y ejecutarlo. Según algunas versiones, lo llevaron hasta un estadio, donde, atado a un poste, fue acribillado a flechazos por arqueros mauritanos. Habría sido curado por Santa Irene y, recuperado, continuó su apostolado y encaró al Emperador por la persecución a los cristianos. Finalmente, esto le llevaría a ser asesinado a garrotazos.
Un grupo de cristianos recuperó su cuerpo, que fue sepultado en las catacumbas de la Vía Apia, en Roma. Sobre ella se construyó una basílica en el año 367. Pasarían más de mil años, hasta 1611, cuando el cardenal Scipio Borghese ordenó la construcción de la iglesia actual en Roma. Sus reliquias, en tanto, fueron llevadas, en el 826, a la iglesia de San Medardo, en Soissons.