«Los laicos y su misión en la sociedad»

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Publicado el: 23 mayo, 2022

El Papa Francisco en febrero del 2020, en el Congreso Nacional de Laicos en Madrid, mencionó lo siguiente “No tengan miedo de patear las calles, de entrar en cada rincón de la sociedad, de llegar hasta los límites de la ciudad, de tocar las heridas de nuestra gente…. Que el mandato del Señor resuene siempre en ustedes: “Vayan y prediquen el Evangelio” (cf. Mt 28,19)” Esta solicitud, si bien va a dirigida a todos los miembros de la Iglesia, cobra un especial sentido para los laicos. Y es ahí, donde surge una pregunta válida ¿Quiénes son los laicos? El término Laikós, comienza a difundirse en la Iglesia a partir del siglo III d.C, con significados diversos. Su etimología proveniente del griego hace referencia a “una parte de la población” o a “la mayoría” respecto a los dirigentes.  Y, ¿Quiénes eran los dirigentes?  El clero: los obispos, sacerdotes, es decir, aquellos que tenían como rol presidir la Eucaristía. Los laicos eran quienes no habían recibido la imposición de manos.

Por mucho tiempo, los laicos quedaron reducidos a una actitud más bien “pasiva” donde debían ser guiados y santificados por el clero, ya que los no pertenecientes al estado religioso o clerical, se encontraban inmersos en el “mundo”, lugar que los podría llevar por el camino equivocado.

Con el pasar de los siglos, esta dependencia del laico iría cambiando. Ya en el siglo XX d.C, con el Concilio Vaticano II, comienza a reconocerse la gran importancia que este tiene en la evangelización. Así queda explicitado en algunos documentos. En el decreto, sobre el apostolado de los laicos, Apostolicam Actuositatem, se manifiesta que éstos, al estar bautizados y confirmados, los hace estar destinados al apostolado. Todos tienen la obligación de trabajar para que el mensaje de la salvación sea conocido y aceptado en cualquier lugar de la tierra (A.A n° 3). Por otra parte, la constitución Lumen Gentium afirma que integrados al Pueblo de Dios, por el bautismo, todos son partícipes de la función sacerdotal, profética y real de Cristo. Función sacerdotal que se ve reflejada en el ofrecimiento de lo vivido, de las preocupaciones y pesares de la cotidianidad, en la Eucaristía. Misión que se concretiza en el encuentro con Jesús, en la oración, en el apostolado y en la vida familiar. Profética, ya que, a través de la fe y la gracia de la Palabra, estos pueden anunciar a Jesús en los lugares en los que se desenvuelven. Aquellos que tengan la formación idónea pueden colaborar con la catequesis, en la enseñanza de la Escritura y en los medios de comunicación social. Real, pues Jesús les transmitió a sus discípulos la soberana libertad, para vencer a través de la santidad el reino del pecado. Se les solicita, que puedan impregnar cada rincón de Cristo, combatiendo así, las instancias donde abunda la injusticia, la violencia, la vulneración de la dignidad humana y la falta de amor. Son invitados a colaborar con los pastores en el servicio de la comunidad eclesial, para la vida y la expansión de ésta, (LG n° 36) a través de diversos ministerios como: animadores de la oración y el canto, los consagrados al servicio de la palabra de Dios y la asistencia de los necesitados, jefes de comunidades, responsables de movimientos apostólicos, entre otros (Evangelii Nuntiandi, n° 73).

Los laicos, al estar inmersos en el mundo, Dios los llama a que desde su realidad y en su entorno, puedan santificarlo desde adentro, como fermento. Se los insta, a ser testimonio de Cristo, por la fe, la esperanza y la caridad (LG, n°31)

La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, hace un análisis de la realidad del siglo XXI. Reconoce como los principios promovidos por el cristianismo se ven sujetos a dificultades, debido a la presencia de fenómenos como el secularismo, el hedonismo y la expansión de nuevas expresiones pseudorreligiosas. En este escenario la labor de los laicos cobra un mayor sentido, pues, son quienes pueden a través de su testimonio, hacer vida el mensaje de Cristo en los diversos ámbitos de la sociedad. Lo que claramente no es sencillo. Se hace tremendamente necesaria la formación teológica pastoral, para hacer frente de mejor manera a estas “corrientes” del presente siglo y ser discípulos misioneros para actuar en el mundo, a través del diálogo, el amor al prójimo y la promoción de la justicia.

 Nuestro actual Pontífice, nos vuelve a recordar nuestra misión evangelizadora; llegar a aquellos lugares donde el mensaje de la Buena Noticia no ha sido escuchado. Sin embargo, hacer vida ese mandato significa salir de nuestra quietud, y movernos al encuentro del otro. Implica acompañar, dialogar, conocer las heridas y las alegrías del prójimo. Es volver a recordar, nuestro propio encuentro con Jesús. Es hacer vida, lo que Cristo hizo con aquellos a los que Él llamó y con aquellos que libremente lo buscaron. Es vivir “el arte del acompañamiento”, aprender a quitarnos las sandalias ante la tierra sagrada del otro (Evangelii Gaudium, N° 169) para hacerle llegar un mensaje de amor pleno, encarnado en la persona de Jesús.

 

Francisca Orellana Romero
Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía
Universidad Católica de la Santísima Concepción

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