“Los expertos me lo han dicho claramente, si hoy crucifico a un sacerdote en público voy a tener éxito y me van a dar importantes premios. Si por el contrario hablo bien de un cura, me van a crucificar a mí”. Con estas palabras dio inicio el cineasta católico Manuel Cotelo al documental La Última Cima en 2010 y si bien son palabras fuertes, ¿podemos decir que no son ciertas?
Este es el escenario que enfrenta el sacerdocio en estos tiempos, lo que sumado a la evidente disminución de ingreso al Seminario -actualmente en el de Concepción solamente hay tres jóvenes- genera preocupación y cierto grado de incertidumbre entre los fieles, ya que diversas comunidades podrían quedar sin un sacerdote en el futuro cercano.
Las congregaciones religiosas viven una situación similar, por lo que la Iglesia Católica ha hecho un continuo llamado a orar por las vocaciones, pero ¿cuántos lo hacen pidiendo que éstas surjan en sus propias familias?
Si bien ser madre de un sacerdote o de una religiosa siempre ha implicado entrega y desprendimiento, en la sociedad actual lo es con mayor razón. Sin embargo, Carmen Díaz y María Navarrete, quienes son madres de sacerdotes, aseguran que pese a las dudas y temores que puedan surgir, es importante ponerse en oración y estar dispuestos a decirle que sí al Señor.
Para ellas, la vocación de sus hijos ha sido un regalo y un motivo de profundo agradecimiento a Dios.