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María, la riqueza de una virgen pobre

Publicado el: 16 Julio, 2022

Dios se fijó en su pobreza para llenarla con su gracia, para enriquecerla con ella. Éste es el motivo de su inmensa alegría. 

Es innegable el vigor de la piedad mariana, con sus diversas advocaciones, en nuestro continente latinoamericano y en nuestro Chile. Un ejemplo de esto es la celebración de la Virgen del Carmen, proclamada como Reina y Patrona de Chile, cuyo primer templo ya se encontraba activo varios años antes de que Pedro de Valdivia iniciara la conquista de Chile: se trata de la ermita erigida en el pueblo de La Tirana.

¿A qué se deberá el fervor que despierta esta celebración y que mueve a tantos en manifestaciones masivas, en especial a los más necesitados? Me parece que una razón de peso es que responde a los anhelos de justicia presentes en el corazón humano y, en especial, en los que padecen injusticias. Dicho de otro modo, responde a los anhelos de liberación de todo lo que nos pueda oprimir, esclavizar, degradar como seres humanos. No hay que olvidar que nuestra historia nacional nos dice que fue proclamada Patrona por el Ejército Libertador de Los Andes, donde subrayo lo de “libertador”. En Éxodo 15,20 aparece otra María (Myriam en hebreo), profetisa y hermana de Aarón y Moisés, danzando y cantando con otras mujeres porque Dios había liberado a Israel de la opresión de Egipto.

En el evangelio de Lucas, María aparece presentada como pobre en el Magnificat: “Porque (Dios) ha puesto los ojos en la humildad de su esclava” (Lc 1,48), y también cuando llevan a Jesús para presentarlo ante el Señor ofreciendo como sacrificio “un par de tórtolas o dos pichones”. En el primer texto, el término “humildad” hay que entenderlo en el sentido de nuestra expresión “de condición humilde” o sea “pobre”, pues utiliza el mismo término que en el v. 52 donde contrapone a los “poderosos” con los “humildes” que se corresponden con los “hambrientos” del versículo siguiente. Esto es coherente con el segundo texto donde, según Levítico 5,7 y 12,8, las tórtolas o pichones eran la ofrenda de los pobres.

 

Deberíamos poner más atención a la letra del Magnificat para darnos cuenta de que María entona un canto de alabanza de los pobres al Dios de la alianza porque Él los ha socorrido. No es, desde ningún punto de vista, una alabanza a la pequeñez, humildad o a una existencia escondida, sino todo lo contrario, es una alabanza al Dios que ayudó a los desposeídos y que apartó a los que tenían demasiado. Más aún, ella misma es la prueba viviente de la predilección de Dios por los insignificantes: Dios se fijó en su pobreza para llenarla con su gracia, para enriquecerla con ella. Éste es el motivo de su inmensa alegría.

Esta María pobre, que ha sido enriquecida; sufriente por la hostilidad que experimentará con su hijo y que lo conducirá a la cruz; que toma la iniciativa para ayudar en el matrimonio en que se acabó el vino y que, a pesar de la respuesta que le da Jesús, le dice a los sirvientes “hagan lo que él les diga”; mujer fuerte que mantuvo su fe a pesar de todo y contra todo; y que perseveraba en la oración con los apóstoles (Hch 1,14) es la que tiene todo para responder a los pobres, necesitados, sufrientes, porque María es una de ellos, la sienten como propia. Pero como también es la Madre del Señor, es la gran intercesora, se sienten amparados y protegidos por el poder de la Trinidad que actuó en ella, enriqueciéndola con su gracia. María es el adelanto y la garantía de lo que les sucederá a ellos.

Por esto es que hay que recordar el estrecho vínculo que hay entre María y la Iglesia, de tal forma que lo que se diga de María se dice también de la Iglesia y vice-versa. Lo anteriormente expuesto nos lleva a preguntarnos: ¿Nos lleva nuestra espiritualidad mariana a la comunidad eclesial, cívica, o nos encierra en un intimismo espiritualista? ¿Relacionamos la figura de María con temas como la justicia social, la transformación de las estructuras de pecado?

 

“​​La lectura de las Sagradas Escrituras, hecha bajo el influjo del Espíritu Santo y teniendo presentes las adquisiciones de las ciencias humanas y las variadas situaciones del mundo contemporáneo, llevará a descubrir como María puede ser tomada como espejo de las esperanzas de los hombres de nuestro tiempo. De este modo, por poner algún ejemplo, la mujer contemporánea…comprobará con gozosa sorpresa que María de Nazaret, aun habiéndose abandonado a la voluntad del Señor, fue algo del todo distinto de una mujer pasivamente remisiva o de religiosidad alienante, antes bien fue mujer que no dudó en proclamar que Dios es vindicador de los humildes y de los oprimidos y derriba de sus tronos a los poderosos del mundo (cf. Lc 1, 51-53); reconocerá en María, que “sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, una mujer fuerte que conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio (cf. Mt 2, 13-23): situaciones todas estas que no pueden escapar a la atención de quien quiere secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la sociedad”.
San Pablo VI, Exhortación Apostólica Marialis cultus, n. 37.

 

Prof. Dr. Arturo Bravo
Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía
Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)

 

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