Monseñor Chomali: «Francisco nos ha regalado ocho años de testimonio cristiano y de enseñanzas que, vividas, pueden cambiar el mundo»

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Publicado el: 13 marzo, 2021

«Francisco cumple ocho años como Pontífice. Años intensos y colmados de desafíos. Los ha ido afrontando uno por uno, y con decisión. Él se pregunta a la hora de mirar la realidad del mundo y de la Iglesia: ¿es, lo que veo y escucho, evangélico, es de Dios, es el querer de Jesús? Cuando la respuesta es no, afronta, discierne, interpela y toma decisiones. Lo hace convencido y asume las consecuencias.

El Papa no se siente a gusto con algunas características de la Iglesia que tiene que conducir como sucesor de Pedro. Es un hombre muy eclesial y poco eclesiástico. No soporta los brotes de corrupción que se perciben en el mundo ni al interior de la Iglesia, ni a aquellos que se sirven de su poder en beneficio propio lastimando a la comunidad. Su postura y acción frente a los abusos es clara, tajante y sin ambigüedades: no hay espacio en el sacerdocio para ellos, ni en ninguna parte.

Ha dejado meridianamente claro en múltiples discursos que la pompa, el servilismo, las intrigas, las ostentaciones de todo tipo, las detesta y que hay que erradicarlas. Se le nota en la cara. No lo disimula. Tan simple como eso. Su pontificado no ha dejado indiferente a los que estaban muy instalados administrando más que evangelizando. Todo lo que nos dijo a los obispos de Chile, ha sido motivo de profundos cuestionamientos personales que han remecido los cimientos mismos de mi ser y actuar.

El Papa se siente cómodo con una Iglesia sencilla, sin lujos, humilde, servidora, que se distancia claramente del mundo que gira en torno al consumo desbocado. Es su sueño, su impronta pastoral, y su norte. Está convencido que esa es la voluntad de Dios. La mundanidad espiritual, ese enemigo que nos acecha día a día, para el Papa es uno de las grandes enfermedades por curar para que la Iglesia pueda mostrar el rostro de Cristo y ser creíble.

El Papa, como buen jesuita que es, invita a la hondura espiritual en la vida diaria tanto dentro como fuera de la Iglesia. Ello exige oración y un sincero anhelo de vivir al estilo de Jesús siempre. El Papa cree que la felicidad está en la sencillez de la vida. Son muchos sus consejos en esa línea y su testimonio de vida es sin igual.

El Papa quiere vivir la catolicidad de la Iglesia a fondo. Se siente cómodo con creyentes y no creyentes, y con creyentes de distintas religiones. Le atrae el diálogo sincero y descubrir el bien que existe en los demás. Ama estar en las fronteras existenciales y despertar -con una sana y justa provocación- a los que creen tener la razón en todo. El Papa piensa que Dios nunca dejará de sorprender y se hará presente en los momentos, en los lugares más inesperados y con las personas que no nos hubiéramos imaginado. En ese sentido es un hombre providencialista. Que el todo es más que las partes –frase que lo acompaña a todo lugar– lo vive en profundidad.

El Papa tiene la certeza de que los pobres son el lugar privilegiado para tener una experiencia de auténtica humanidad y de Dios. Es cosa de ver los lugares que visita en sus viajes apostólicos para darse cuenta donde está su corazón. Francisco no sólo no se siente a gusto sino que además fustiga al que hizo dinero explotando al pobre, corrompiendo o especulando. ¡Empresarios sí, especuladores no¡ es su dogma en ética económica. Francisco invita a trabajar de manera honesta, a ganarse el pan honradamente, a vivir austeramente, a pensar en los demás y a proponerse como sociedad la meta de que todos cuenten con techo, trabajo y tierra. Las tres T.

Una sociedad tan desigual como la que vivimos solo puede traer rabia, indignación, impotencia y violencia. La paz y la fraternidad van de la mano con la justicia. El Papa aboga por un amplio acuerdo social que reconozca que la pobreza en todas sus formas es un atentado en contra de la dignidad humana y fuente de muchas injusticias y abusos.

Ampliar la mirada –concepto muy querido por el Papa– implica mirar más allá de uno mismo y comprender que estamos todos en la misma barca: O nos salvamos todos juntos o pereceremos.

Francisco nos ha regalado ocho años de testimonio cristiano y de enseñanzas que, asumidas y vividas, pueden cambiar el mundo. El ya comenzó».

Fuente: Religión Digital

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