Con el lema “Por movimientos y nuevas comunidades eclesiales más misioneras y sinodales”, la Pastoral de Movimientos y Nuevas Comunidades de la Arquidiócesis de Concepción celebró la Solemnidad de la Santísima Trinidad con una jornada de encuentro, oración y fraternidad realizada el sábado 30 de mayo en Casa Betania.
La actividad reunió a representantes de distintos movimientos y comunidades eclesiales con el propósito de fomentar la comunión trinitaria, el reconocimiento mutuo de los carismas y el compromiso de caminar juntos como una Iglesia sinodal en salida.
La jornada comenzó con una bienvenida y un espacio de adoración al Santísimo Sacramento, seguido de un desayuno fraterno y un tema central orientado a profundizar el sentido de la misión compartida de los diversos carismas presentes en la Iglesia. El encuentro culminó con la celebración de la Santa Misa, presidida por el Obispo Auxiliar de Concepción, Mons. Oscar García.
Durante su homilía, el obispo destacó que la diversidad de movimientos y comunidades es una expresión concreta de la riqueza de la Iglesia y de la acción del Espíritu Santo en medio del Pueblo de Dios.
“Hoy nos hace sentir más que nunca cuerpo, más que nunca comunidad, más que nunca llamados a expresar al Dios trinitario en medio de nuestra sociedad y en el mundo”, señaló, recordando la imagen del cuerpo místico de Cristo presentada por san Pablo, donde cada miembro aporta desde su propio don para la edificación común.
Asimismo, invitó a los participantes a vivir una fe encarnada, capaz de traducirse en gestos concretos de amor y servicio en la vida cotidiana. “Nuestra fe no puede ser una fe que solo mira hacia arriba. La fe encarnada se traduce en el día a día, en medio de la familia, en medio de la comunidad y de los ambientes donde nos movemos, a través de la impronta del amor, un amor que se hace al estilo de Jesús”, expresó.
Mons. García también valoró el aporte que cada movimiento realiza a la vida eclesial y animó a compartir los carismas recibidos para que más personas puedan encontrarse con Cristo. “Todos los dones del Espíritu Santo, cada carisma, son una verdadera bendición para edificar nuestra Iglesia y para edificar el Reino de Dios”, afirmó.
Finalmente, exhortó a los presentes a seguir siendo instrumentos de evangelización desde la humildad y la comunión, permitiendo que el Señor actúe a través de sus vidas. “Qué bonito que desde nuestro carisma particular podamos ser ese puente de gracia para que otros puedan conocer más a Jesucristo, amarlo y entusiasmarse también a ser portadores de Él”, concluyó.