Una gran alegría vivieron recientemente los fieles de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Penco, testigos de un gran acontecimiento: los 60 años de vida sacerdotal del padre Fernando Lacaux Urrutia, de la Congregación del Santísimo Redentor.
El padre Fernando nació en Santiago el 29 de octubre de 1940. Es el cuarto de seis hermanos, uno sacerdote, todos ya en la casa del Padre. Cursó estudios básicos en los hermanos Maristas y de Humanidades en el Seminario Menor de los Redentoristas en San Bernardo. Sus estudios superiores de Filosofía y Teología fueron cursados entre los años 1960 y 1965 en Sao Paulo, Brasil. Además de sacerdote, es profesor de Estado mención Ciencias Religiosas y tiene un posgrado realizado en Bruselas, Bélgica, entre 1969 y 1970. Su primera profesión fue en Santiago el 6 de enero de 1960 y su profesión perpetua en Tieté, Sao Paulo, Brasil, en 1963.
Siempre tomado de la mano del patrono de los redentoristas, San Alfonso María de Ligorio y acompañado por la Virgen del Perpetuo Socorro, fue ordenado sacerdote un 27 de diciembre de 1965 en Tieté, Sao Paulo, Brasil. Sus bodas de oro sacerdotales fueron en el año 2015 estando en Coquimbo. Su vida ha sido siempre peregrinar al lado de Jesús.
En la Eucaristía de las Bodas de Diamante el padre Fernando, previo a la homilía, leyó parte de una carta de saludo que le fue enviada desde Roma por el Superior General de Congregación del Santísimo Redentor, Rogério Gomes, que señala “en este día en que vives tu Jubileo, 60 años de ordenación sacerdotal, deseo celebrar tu vida y ministerio sacerdotal. Tu ministerio y testimonio en estos años como misionero y religioso sacerdote redentorista han dado sus frutos. Quizá estos frutos no sean visibles a simple vista, pero están escondidos en la intimidad de cada persona que has conocido, acogido, escuchado, aconsejado, perdonado y bendecido, haciéndole sentir que la redención es abundante”.
El sacerdote dijo sentirse muy honrado por todos los saludos recibidos, que le entusiasman y motivan. Además, tuvo palabras de agradecimiento para todos los presentes, para su comunidad integrada por los sacerdotes Víctor y Néstor; al padre Raúl Castillo de la Purísima de Lirquén y al padre Luis Neira de la Congregación de San Pablo. Prosiguió señalando “esta fiesta es para celebrar al sacerdocio único de Cristo, del cual se me concedió la gracia de ser partícipe durante estos 60 años que hoy precisamente se cumplen. Reconozco hidalgamente mi debilidad ante Dios y ante ustedes, porque tal vez se ha notado mucho que se me ha entregado un tesoro en vasos de barro porque en este lapso de tiempo, más de alguna vez he sido más funcionario que apóstol, más hombre de este mundo que hombre de Dios, ni he tenido mucho olor a oveja como gráficamente lo dice el Papa Francisco, y la misericordia y la paciencia no han adornado mucho mi sacerdocio”.
Es un tiempo para celebrar y también reconocer humildemente mis debilidades, dijo el padre Fernando, quien realizó un camino por su historia como sacerdote y reiteró su oración por las vocaciones a la vida familiar y consagrada.