San Sebastián: Dos sanaciones gracias a la misma fe

Más Iglesia Arquidiocesana

Publicado el: 10 diciembre, 2020

Son muchos los testimonios que existen detrás de cada peregrino que asiste al Santuario de San Sebastián a pagar su manda. Estas experiencias sirven no solo para reafirmar la fe de las personas que las viven, sino también de aquellas que tienen la oportunidad de conocerlas.

Ana Saavedra y Ruth Mardones son parte de las y los miles de fieles que cada 20 de enero repletan las calles de Yumbel. Ambas poseen historias en las cuales el Santo mártir ha intercedido por ellas y aseguran que con fe cualquier manda puede ser cumplida.

Fe de padres

Desde que tiene memoria, Ana Saavedra Guerra (52) peregrina desde Talcahuano a Yumbel. Actualmente, casada y con 3 hijos continúa visitando a San Sebastián cada vez que puede. “No solo vamos a pedir, tenemos muchos motivos para agradecerle”, cuenta. Una de esas razones es su hijo menor, quien fue diagnosticado con autismo y nació con un tipo de parálisis cerebral, por lo que tenía un diagnóstico poco favorable. “Me decían que mi hijo necesitaría ayuda de artefactos para poder caminar”, agregó.

En ese momento Ana y su esposo lo encomendaron a San Sebastián, “todo se escapaba de nuestras manos, excepto la esperanza de que mejorara”. Fue gracias a esta fe que, a pesar de las dificultades, hoy pueden decir con alegría que su hijo tiene 9 años, practica patinaje, toca violín y es el mejor de su clase. “Teníamos la convicción de que el santo nos iba a ayudar, eso nos impulsó a seguir adelante”, comentó.

Santo cumplidor

Para Ruth Mardones Cuevas (45), de la ciudad de Laja, siempre fue una tradición concurrir a Yumbel junto a su madre, pero fue apenas este año que sintió la gracia de Dios en carne propia. Esto porque en el mes de noviembre sufrió un grave accidente de tránsito, volcándose en compañía de su hermana y su cuñado, quienes perdieron el conocimiento en el lugar. Fueron tales las lesiones y cortes que sufrió en su cuerpo y rostro, que el panorama no era muy alentador.

“Me dieron ataques cardíacos y convulsiones tras el accidente, fue muy duro y yo solo pensaba en mi hijo. Mi madre, que siempre ha sido muy devota, hizo una manda a San Sebastián para que me recuperara”, cuenta Ruth. Para sorpresa de todos, su evolución fue rápida y sin complicaciones, tanto así que no quedó con secuelas ni cicatrices evidentes. “Tenía la cara destrozada con vidrios y el cuerpo lleno de moretones, es increíble que ahora me encuentre bien. A penas pude fui a Yumbel a agradecer por mi vida y la de mi familia”.

Así como los relatos de Ana y Ruth, existe un sinfín de testimonios de personas que cada año agradecen por cumplir sus peticiones a San Sebastián, símbolo de fuerza y perseverancia frente a la adversidad. Cabe recordar que, como consecuencia de la pandemia, la festividad del próximo año deberá adaptarse a la realidad por la que pasa el país y se celebrará de manera virtual. Así, todos quienes quieran unirse, podrán hacerlo desde sus casas sin riesgo alguno.

Redacción: Felipe Parra Lillo.

Más Iglesia Arquidiocesana