Ser católicos a la manera de Cristo

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Publicado el: 24 septiembre, 2020

¿Es Chile un país católico? Se preguntaba San Alberto Hurtado en 1941, cuando publicó su libro que tituló de la misma manera. Pero, ¿qué significa ser católico? En el credo cristiano confesamos que la Iglesia es Una, Santa, Apostólica y Católica. Una, porque en ella hay unidad de todas las iglesias con la Iglesia de Roma, Santa, porque su Fundador es Santo, Apostólica, porque es heredera del testimonio de los apóstoles, y Católica, porque su pretensión es llegar a los confines del mundo, es decir, es católica en cuanto que pretende ser una fe universal, una fe para todos, donde no haya distinción entre judíos ni griegos, esclavos ni libres, mujeres ni hombres, (Cf. Gal 3, 28). A esta cita de San Pablo agregaríamos, ni ricos ni pobres, haitianos ni chilenos, americanos ni europeos, sino todos en uno como el Padre con el Hijo (Cf. Jn 17, 21-23). Para Von Balthasar, Cristo es católico, el universale concretum, el principio integrador de toda la realidad, el que explora todas las dimensiones personales y sociales del ser humano y las funda desde su propia experiencia como Logos universal cósmico (Cf. Polanco, 2017). Si en todo está Cristo, porque todo ha sido creado por él y para él, entonces el cristianismo es católico, porque a lo largo y ancho del espacio y del tiempo, los brazos de Cristo se extienden integrando el mundo a la eternidad de Dios.

Dicho esto, se nos suscita una nueva pregunta, pero entonces ¿Qué es lo que el cristianismo anuncia al universo? ¿al mundo? Muchas son las posibles respuestas: anunciamos una fe, un evangelio, una buena noticia; anunciamos el Reino que ha llegado y que espera su consumación en el encuentro cara a cara, es decir, en el encuentro de dos libertades; la libertad humana y la libertad de Dios. Pero, sobre todo, anunciamos al mundo a Cristo. Ser cristianos comporta anunciar al mundo a Cristo por medio de las palabras y por medio de la acción (Cf. Sant 2, 14-26). Ser cristianos es buscar y querer el pensamiento de Cristo, pensar a la manera de un Hijo que ama su Padre y se mantiene en unidad con él por medio del amor y la libertad. Ser cristianos es amar al estilo de Cristo como hijos y como hermanos.

En este sentido, si pudiéramos responder a la pregunta hoy que se hizo el Padre Alberto Hurtado hace 69 años atrás, ¿es Chile un país católico? teniendo presente estas variables, tendríamos que saber si en el alma de Chile, hay esa pretendida unidad a lo largo y ancho de nuestro territorio, y si esa unidad refleja el pensamiento de Cristo, en otras palabras, si los que, diciéndose cristianos, aman y piensan como Cristo.

San Alberto, en este libro antes mencionado, expone una serie de elementos que nos permiten vislumbrar si efectivamente Chile es un país católico. Las preocupaciones que desarrolla en este libro, son las mismas que expone a su Santidad Pio XII en 1947, sobre la situación social del Chile de los 40s. Con gran pesar señala lo siguiente: En mi opinión el mayor peligro está en que parecemos no darnos cuenta del peligro. Creemos estar todavía en un país profundamente católico y se piensa que las agitaciones sociales son efecto del oro ruso únicamente y que la propaganda protestante no es sino el resultado del dólar americano. Los sacerdotes y aun los Obispos, no parecen darse bien cuenta de la inmensa tragedia que nos va a coger desprevenidos (Fundación Alberto Hurtado, 2018). Luego de esto, al igual que hiciera en su libro, enumera una serie de situaciones que afectan a nuestro país: graves problemas sociales, debido a la injusta repartición de los bienes y la propiedad privada, así como la relación entre los dueños de los fundos o empresas y los trabajadores en asuntos salariales y condiciones de trabajo, entre otras. Por otro lado, denuncia las dificultades existentes entre la Iglesia y el pueblo, enfatizando que, aunque el pueblo recibe los sacramentos, tiene una pésima formación religiosa. Estima que, de los 5 millones de población de los chilenos de la década, 4 millones quedan fuera de la acción de la Iglesia. No ha encontrado ninguna parroquia que supere el 10% de la población que practique la misa dominical. La Acción Católica es paupérrima y si no se hace algo simplemente, augura Hurtado, morirá pronto. Por esto urge penetrar en los problemas sociales, porque según él, a la base de la población aun hay huellas del cristianismo, pero necesitan que la Iglesia preste real atención a sus demandas humanas (Fundación Alberto Hurtado, 2018). Y finalmente, expone el problema político que se ha originado por la amplia interpretación de la Doctrina Social de la Iglesia, dividida en dos grandes bloques: los conservadores y los falangistas (que a la postre, terminaron siendo la Democracia Cristiana – 1958-). Lo que demuestra que no hay una clara interpretación desde la Iglesia, a los problemas sociales, políticos y religiosos.

Lo que subyace tanto a la obra, como lo que expone al Papa Pío XII, son hechos concretos desde donde podamos permitirnos cuestionar si efectivamente hay un cristianismo católico a lo largo de nuestro país. Es por esto que, en su obra póstuma, Moral Social, San Alberto, vuelve arremeter contra la mala compresión del catolicismo. En esta obra, podemos leer uno de los graves problemas que comporta una falsa y equivocada idea de la caridad cristiana. En ella, denuncia que la caridad sin justicia es solo vanidad, pero no verdadera caridad, porque la caridad cristiana es amar al otro como Hijo de Dios y, por tanto, se le sale a su encuentro como hermano amado. Se mira al otro, no con falsa benevolencia, dándole lo que sobra, lo que no nos hace falta, sino se le debe mirar como hermano, que ha sido arrebatado de las bondades del Reino y a quién tengo por obligación ayudar a restituirle su justo derecho. Por esto, denuncia el santo jesuita, que muchos acostumbrados a dar limosnas, como sinónimo de caridad, solo generan abismos sociales y profundos sentimientos de injusticia que a la larga se transforman en resentimientos que difícilmente puede reparar la caridad (Hurtado, 2004).

En definitiva, hablar de catolicismo desde San Alberto Hurtado, es hablar de la completa experiencia del sentir y vivir a la manera de Cristo, que se extiende a lo largo del mundo. Y que nos interpela – en el sonido del silencio – de la creación a salir al encuentro del otro para restituirlo en justicia por caridad, es decir por amor a Cristo y su Iglesia. Si los antecedentes que bien expone Hurtado en la década del 40 no se han subsanado y, por el contrario, la lejanía entre la Iglesia, la clase política, empresarial y el pueblo, en la actualidad, está henchida de vanidad, difícilmente podremos contestar afirmativamente a la pregunta inicial. Entonces nos queda volver al principio, y antes que preguntarme por Chile y su catolicidad en la fe de Cristo, debo preguntarme a mí mismo, por mi fe en Cristo. ¿Qué tipo de caridad es la que hago en el día a día? ¿Qué clase de justicia es la que espero aplicar en mis acciones? ¿Qué Cristo es el que anuncio? ¿Cuál es mi compromiso real en el anuncio de Cristo a la sociedad? Y, finalmente, ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Solo si cada uno de los que decimos ser cristianos nos comportamos a la manera de Cristo, la historia y la cultura juzgará si efectivamente Chile es un país católico que actúa como otro Cristo.

Soledad Aravena, Académica UCSC

Revista Nuestra Iglesia, septiembre 2020

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