Voluntarios de distintas comunidades, parroquias, colegios, instituciones de educación superior y movimientos apostólicos de la arquidiócesis, se reunieron en torno a la Eucaristía para agradecer por los frutos surgidos producto del servicio en el Espacio Misericordia durante este 2026.
La Santa Misa fue presidida por el Arzobispo de Concepción, Monseñor Sergio Pérez de Arce y concelebrada por el padre Ricardo Valencia, asesor de la Vicaría Pastoral de Juventud, una de las instancias encargadas de la coordinación del Espacio Misericordia junto a las Vicarías de Pastoral Social y Educación; la Universidad Católica de la Santísima Concepción y la Comunidad Agustina. También estuvo presente el diácono Zenón Peña, encargado pastoral de la Comunidad San José, en cuyas dependencias se acoge esta obra de solidaridad.
En su homilía, Monseñor Sergio pidió a los presentes que entregaran su testimonio sobre los frutos espirituales surgidos en sus comunidades, producto del servicio en el Espacio Misericordia. Luego de un valioso momento de diálogo, señaló “ha sido un servicio concreto y completo para hermanos que lo pasan mal. No es algo que se hace por hacer, va en directo apoyo a los más necesitados. En segundo lugar, esta acción tiene algo muy lindo, que es la capacidad de convocar a grupos y comunidades de toda nuestra arquidiócesis, siendo una expresión de la diversidad de nuestra Iglesia que se une en torno a un proyecto sencillo, no fácil, donde todos ponen su parte”.
El arzobispo se refirió también a la complejidad de quienes son atendidos, signo de que nuestra sociedad también atraviesa momentos difíciles y complejos. “Podemos decir que es una manera de tocar la realidad tal cual es y ojalá que siempre en nuestra vida podamos tocar las realidades tal cual son, para levantarlas, mejorarlas”.
En relación a las lecturas bíblicas escogidas para este día, Monseñor Sergio reflexionó sobre la frase “no son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes”, señalando “primero está el don, el llamado gratuito, misericordioso, cercano de nuestro Dios que es el que nos hace abrirnos al camino de la fe. Pero la vida cristiana tiene consecuencias, no nos podemos quedar solamente ahí, tranquilitos por el don. Después, en estos mismos textos, San Juan dice, hemos pasado de la muerte a la vida y el signo de que hemos pasado de la muerte a la vida es que amamos a nuestro hermano. Ahí se tiene que notar esta vida nueva, en que amamos a nuestros hermanos. Y después está la otra frase, hemos conocido el amor de Dios y a Cristo que se entregó por nosotros. Entonces, en consecuencia, si hemos conocido este amor también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos”.
Francisco Burgos, coordinador de voluntariados y misiones de la pastoral universitaria de la UCSC, fue uno de los servidores del Espacio Misericordia presentes en la Eucaristía. Sobre el significado de esta experiencia, afirmó “fue totalmente enriquecedora. Siempre me ha gustado estar ligado a los voluntariados y es un agrado porque se puede palpar la realidad, mirar a los hermanos a los ojos, no hacer la vista gorda ante el dolor, ante tanta dificultad que pasan. Reconocer el rostro de Cristo en ellos y que ellos ojalá puedan ver algo de Cristo en nosotros es una gran alegría. Siempre me quedo con la sensación de querer aportar más, lo que nos motiva a evaluar el trabajo realizado y ver cómo podemos crecer o ayudar a otras comunidades”.
Por su parte, Lorena Colihuinca, representante y coordinadora del voluntariado agustino, manifestó “son nuevos desafíos, cada año es distinto, ha cambiado la radiografía de las personas a las que servimos, pero la verdad es que el espíritu sigue intacto, el corazón inquieto viene dispuesto a servir, a amar y en todo levantar la dignidad de nuestros hermanos, que al principio eran usuarios y ahora son amigos, hijas, ahijados. Como agustinos, tenemos una premisa importante en nuestro voluntariado: encontrar lo que andamos buscando y que la otra persona también encuentre en nosotros lo que necesita. Cuando eso se conjuga, es porque estamos haciendo bien el trabajo, la misión, la evangelización. Por eso, corazón contento”.
Esta Eucaristía fue la ocasión oportuna para agradecer a todas las instituciones colaboradoras que están detrás de la iniciativa Espacio Misericordia, un signo concreto y real de la Iglesia que sirve, de la Iglesia que solidaria, que sale al encuentro de los más necesitados.