Con una amplia participación de agentes pastorales, sacerdotes, diáconos y representantes de comunidades, la Arquidiócesis de la Santísima Concepción celebró la XVII Asamblea Eclesial Diocesana, instancia que permitió reflexionar en conjunto sobre los desafíos actuales de la Iglesia y proyectar las prioridades pastorales para el período 2026-2028.
Tras la oración inicial, el académico Pablo Uribe, de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, ofreció el tema iluminador, centrado en el libro de los Hechos de los Apóstoles, ayudando a profundizar en la identidad de una Iglesia misionera y sinodal
Posteriormente, uno de los momentos centrales de la jornada fue la presentación de las Prioridades Pastorales 2026-2028, a cargo del Arzobispo de Concepción, Mons. Sergio Pérez de Arce. Estas orientaciones buscan animar la vida de la Iglesia en sintonía con el lema: “Serán mis testigos… hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).
Luego, los participantes dialogaron en grupos en torno a las orientaciones presentadas, compartiendo reflexiones y experiencias desde la realidad de cada comunidad.
En este contexto, se destacó que estas prioridades “no son solo un documento, sino un camino que queremos recorrer juntos como Iglesia”, poniendo énfasis en la participación y corresponsabilidad de todos.
La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el Arzobispo de Concepción, quien en su homilía centró su reflexión en la fuerza de la Palabra de Dios.
Aludiendo al Evangelio, el Arzobispo recordó que incluso quienes se oponían a Jesús reconocieron la profundidad de su mensaje: “nadie habló jamás como este hombre”, subrayando que esa misma palabra “ha llegado a nuestro corazón y ha tocado nuestra vida”.
En esa línea, enfatizó la importancia de escuchar al Señor, especialmente en este tiempo de Cuaresma, señalando que Cristo es “la verdadera agua que sacia la sed más profunda y nos da vida en abundancia”.
El Arzobispo hizo un llamado a ser una Iglesia misionera, capaz de dar a conocer a Cristo en medio del mundo, confiando en que “algunos, al encontrarse con Él, llegarán a decir: ‘nadie me habló jamás como este hombre’”.
Finalmente, animó a los presentes a dejarse interpelar constantemente por el Señor, evitando “pretender poseer a Jesús”, y más bien dejándose conducir por su Palabra: “el camino del discípulo no es de total seguridad, sino un camino que se hace andando, confiando en Él”.