La Asamblea Eclesial de América Latina: un regalo del Espíritu para el Cuerpo de Cristo

Cuando uno recibe un regalo hay dos actitudes basales: lo aprovecho o lo desaprovecho. Hay razones diversas para aprovechar o no un regalo: algunos los aprovecho porque me fascinan, otros porque son útiles en tareas que realizo, otros porque mantienen vivo el vínculo afectivo con la persona que me lo regaló, otros porque se transforman en un pasatiempo. También hay razones para no aprovechar un regalo: falta de tiempo para usarlo, no es de mi gusto, tengo algún conflicto emocional con la persona que me lo regaló, me puede causar daño, me resulta difícil de usar, etc.

Con los regalos del Espíritu Santo puede suceder algo semejante. En nuestra vida personal y en la vida de la Iglesia existen diversos momentos donde recibimos regalos del Espíritu. Uno de ellos es la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe a celebrarse entre el 22 y el 28 de noviembre próximo; el Papa Francisco ha querido que esta Asamblea sea una Asamblea Eclesial y no una Asamblea eclesiástica, es decir, que sea un encuentro del Pueblo de Dios y no solo una reunión entre algunos obispos, clérigos y especialistas en temas teológicos y pastorales. Para que esta Asamblea sea de la toda la Iglesia y no solo de un puñado de personas, se ha iniciado una fase de escucha (‘Tiempo de Escucha’), que durará hasta el 30 de agosto, para invitarnos a dialogar sobre la vocación y misión que tenemos todos en cada rincón del continente, justamente desde el propio lugar donde el Señor Jesús nos ha invitado a vivir la fe.

¿Qué debemos hacer con este regalo de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe? ¡Aprovecharlo, sin duda! ¿Cómo lo aprovecharemos? Como un tiempo de gracia que nos permita reconocernos como hermanos, miembros de una misma Iglesia esparcida a lo largo y ancho de Latinoamérica; hoy más que nunca tenemos realidades y desafíos comunes que nos recuerdan las palabras de San Pablo a los cristianos de Corinto: «Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo» (1 Cor 12, 26).  También tenemos realidades y desafíos específicos en cada lugar, que manifiestan tanto la diversidad existente en el Cuerpo de Cristo y la diversidad histórica y cultural de nuestro continente; considerando lo específico, también San Pablo nos dice: «¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros? ¿Todos con carisma de curaciones? ¿Todos hablan lenguas? ¿Interpretan todos?» (1 Cor 12, 29-30). La unidad en Cristo no se rompe por la diversidad de vocaciones, realidades ni desafíos, sino que es enriquecida. La diversidad en Cristo no atenta contra la unidad de toda la familia de Dios, sino que la cuida y está al servicio de todos.

Tendríamos muchos motivos para no aprovechar este regalo (por ejemplo: falta de tiempo, prioridades locales, falta de interés en lo común). Pero la Asamblea Eclesial es una oportunidad que el mismo Espíritu Santo nos da para recordar que en la Iglesia nadie sobra, que todos hemos sido elegidos por el amor providente de Dios para sumarnos a su plan de salvación en estas tierras, que formamos un solo cuerpo en Cristo.

 

P. Mauricio Aguayo Quezada
Vicario Pastoral
Párroco Nuestra Señora de la Candelaria

Publicado el: 7 junio, 2021