Acompañamiento y fe: los focos de trabajo que ha propuesto la comunidad pastoral en beneficio de los adultos mayores

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Publicado el: 2 noviembre, 2020

Durante casi seis meses se mantuvo la cuarentena obligatoria para personas de la tercera edad mayores de 75 años, como medida preventiva en medio de la pandemia por coronavirus. No obstante, el pasado 2 de septiembre se levantaron algunas de las restricciones de desplazamiento, permitiendo el libre tránsito tanto en comunas en cuarentena como en transición.

Bajo dicha perspectiva, la planificación de nuevas actividades online adquirió un nuevo protagonismo. Esto, con el fin de incentivar su participación y bienestar. Por lo mismo, la ‘Guía práctica para el autocuidado de la salud en personas mayores’ desarrollada por el Minsal busca ser un aporte, entregando ciertos lineamientos en beneficio de la mantención de relaciones familiares, vínculos de amistad e identificación de redes de apoyo.

En ese contexto, Gladys Espinoza, quien encabeza el trabajo de la Pastoral del Adulto Mayor de la Vicaría de Pastoral Social, afirmó que “nuestro principal esfuerzo ha sido, en primer lugar, que los adultos mayores estén acompañados, que sus pares los apoyen, pero también buscando otras redes que puedan complementar este acompañamiento que en muchas ocasiones es la Pastoral del Enfermo”.

“Desde el equipo diocesano nos hemos dado el tiempo de revisar y verificar si es que existen casos sociales que requieren especial atención, pues hay adultos mayores que están en mucha soledad y angustiados. Nuestra idea es poder ayudar a través de un acompañamiento más cercano”, añadió.

Si bien el proceso de alfabetización digital ha sido relevante y de menos a más, Espinoza relató que el descubrir las posibilidades que actualmente ofrece la tecnología “les ha permitido conversar, les ha permitido rezar. Hay grupos de oración que están funcionando de forma permanente, dos veces a la semana, para orar”.

Pese a ello, Gladys Espinoza comentó que uno de los obstáculos con los que han debido lidiar se vincula con el orgullo. “Es una realidad que vivimos a diario y ha provocado que muchas personas en soledad vayan sufriendo más, pues no expresan cómo se sienten o si necesitan ayuda. Hace un tiempo tuvimos un trabajo con un psicóloga que nos entregó consejos para lidiar con la angustia, ya que hay muchos adultos mayores de 70 o hasta 80 años que viven solos”.

“Es difícil, en la diócesis tenemos el fono ayuda y pensamos, cuando se ideó, que sería un éxito para que nos hablaran sobre sus penas. Pero tuvo baja convocatoria, ya que no es sencillo reconocer que necesito ayuda de algo o alguien”.

La participación

Carmen Olivares pertenece a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario ubicada en Florida. Asimismo, se desempeña como asesora del grupo del adulto mayor ‘El rosario de María’. En cuanto al proceso de adaptación comenta que posee los conocimientos necesarios para utilizar el teléfono móvil, así como también el computador. “Desgraciadamente he tenido varios problemas por la inestabilidad de la red. Estamos usando la comunicación por Zoom, pero cuando hay algún inconveniente me conecto por teléfono y usamos esa modalidad”.

Al hablar sobre su participación en las distintas instancias Carmen destaca el rol de la Vicaria de Solidaridad, quienes la han guiado en este proceso. “Ellos me invitaron a participar a todas las reuniones y cuando no tenía Internet veía las grabaciones. Yo me comunicaba con mi gente sobre las noticias de la parroquia, cómo estaban de salud. Según mi calendario organicé un recorrido para visitar las casas de todas las integrantes del grupo, para llevarles un presente pequeño pero significativo. Me emocionó mucho la reacción de ellas porque se alegraban mucho de que uno las fuera a visitar y felizmente no hemos tenido ningún problema, ellos están bien de salud y de ánimo”.

El foco ha estado en mantener el contacto y la fraternidad, pese al distanciamiento físico. Carmen comenta que ha tomado todos los resguardos necesarios en cada una de sus visitas: “En cada oportunidad les daba ánimo, les entregaba una palabra de aliento y les llevaba al Señor. Les recordaba la hora de nuestra reuniones, donde rezamos el denario y les decía que mi celular estaba disponible para hablar siempre que lo necesitaran”.

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