Hoy domingo 30 de octubre a las 12:00 horas, se realizó la Misa de Clausura del Mes de la Familia: “La Alegría del Amor”, esta fue organizada por la Pastoral Familia y Vida y presidida por el Arzobispo de Concepción, Monseñor Fernando Chomali, en la Catedral de la Santísima Concepción.
Durante su homilía, Monseñor Fernando Chomali comenzó agradeciendo a la Pastoral Familia y Vida, “que con tanta voluntad, trabajo y esfuerzo ha preparado este mes, que hoy día concluye con esta Misa”.
Del mismo modo, el Arzobispo de Concepción afirmó que “los sacerdotes y los obispos escuchamos a muchas personas y es parte fundamental de nuestro trabajo, vocación y misión”.
En ese contexto agregó que puede decir “que no hay dolor más grande para un niño o para un joven, que su familia se destruya. Es un dolor que los acompaña para toda la vida (…) La niñez es la casa que habitamos toda la vida”.
Asimismo señaló que “‘nosotros no juzgamos a las personas que han tenido problemas en sus matrimonio y en sus familias, no nos corresponde, porque el Señor no ha venido a juzgar sino que a salvar”.
Monseñor Chomali realizó un llamado a todos los presentes a trabajar “con mucha fuerza para promover la familia, para que los jóvenes descubran en el matrimonio una vocación, la voluntad de Dios y se den cuenta de que es una hermosa vocación formar una familia, abrirse a la vida y colaborar con la obra del Señor”.
Además declaró que “sabemos que hay dificultades en los matrimonios” y afirmó que “nosotros también apoyamos a aquellas familias y matrimonios que pasan por dificultades, el matrimonio así como el sacerdocio es un don, pero también es una tarea y es obligación de cada uno de nosotros cuidarla”.
De igual manera aseguró que “no hay alegría más grande para un niño que tener a un papa y una mamá en su casa”, reafirmando que “tenemos que trabajar arduamente para que cada niño nazca en una casa y sea engendrado en el seno materno, para que encuentre amor y calidez”.
Finalmente, Monseñor Fernando declaró que “Dios nos ama, esa es la razón fundamental de nuestra existencia, Dios no nos quiere porque existimos, existimos porque Dios nos quiere, esa es la razón última de nuestra vida y eso es exactamente lo que nos debe animar para fortalecer nuestra propia vocación matrimonial o nuestra vocación sacerdotal y el seguir siendo indulgente con todos”.
Para los fieles presentes, las palabras dirigidas por el Arzobispo tuvieron un gran significado y manifestaron su alegría en poder formar parte de la Iglesia. Así lo afirmó Maria Teresa Granado, quien mencionó que con esta Eucaristía se le entrega “la importancia que tiene para la Iglesia y para la sociedad el mantenerse unidos como familia, los beneficios que eso significa tanto para los adultos como para los chicos”.
También, Víctor Espinoza, quien asistió con su hijo Juan Carlos Espinoza, declaró que celebrar esta misa es “muy importante porque se estimula la prolongación de la familia, de mantener los grupos unidos que hoy día es tan difícil en las circunstancias actuales”.
A ellos se sumaron Jaqueline Saavedra y Nelson Moncada, miembros de la Pastoral Familia y Vida, quienes mencionaron que “para nosotros es fundamental la presencia de Dios en la vida de nosotros, hemos criado cuatro hijos y cada uno hemos tratado de impregnar esto de la fe, porque la fe es algo fundamental”.
Por su parte, Dianyelin Hidalgo junto a su esposo William Velasco, dijeron que esta Eucaristía es un momento “de alegría, de gozo porque la familia la instituyó el Señor”, además señalaron que “el ser humano una vez que se desarrolla en la familia se siente más pleno, más completo, podrá tener distintas dificultades pero sin dudas la referencia de la familia es como un paz, un alivio al corazón”.
En base a lo anterior, William Velasco afirmó que ellos quieren “ser testigos de eso, ser testigo de familia, ser testigo de que se puede, que cada uno de los miembros somos importantes y que juntos salimos adelante”.
Es así que con esta Eucaristía se pone fin al Mes de la Familia en la Arquidiócesis de Concepción y se busca realzar la importancia del matrimonio en la vida de todos los católicos.