En una Eucaristía presidida por Mons. Bernardo Álvarez, obispo auxiliar de Concepción, se celebraron los 60 años de vida consagrada de la Hermana Luz Brame Batteur, perteneciente a las Salesas Misioneras de María Inmaculada.
“Damos gracias a Dios por esta Eucaristía que nos convoca el día de hoy para elevar esta plegaria común de acción de gracias por estas bodas de diamante. Lo hacemos todavía bajo la hermosa vivencia de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, tan significativa para nuestra arquidiócesis y para la espiritualidad de esta congregación”, destacó monseñor Álvarez durante su homilía.
La Hermana Luz, nacida en Francia en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, ingresó a la vida religiosa a los 22 años, inspirada por el ejemplo de una tía misionera. Desde entonces, ha llevado a cabo una rica trayectoria misionera que la ha llevado desde Madagascar hasta diversas diócesis de Chile, dedicándose principalmente a la catequesis y a la formación de comunidades.
Monseñor Bernardo resaltó el impacto de esta vida consagrada con palabras llenas de gratitud y admiración: “La vida religiosa, como lo vemos en la Hermana Luz, tiene ese impulso de llevar a hombres y mujeres al encuentro con el Señor, sosteniéndolos y acompañándolos con perseverancia y amor. Este testimonio es un regalo para la Iglesia y un recordatorio de que la misión es siempre fruto de la comunión”.
Durante la celebración, la Hermana Luz renovó sus votos religiosos, expresando su gratitud a Dios por las gracias recibidas y reafirmando su compromiso de vivir conforme al carisma de las Salesas Misioneras de María Inmaculada.
“Reitero mi compromiso y para siempre al servicio de la misión universal de la Iglesia en este Instituto en el que me entregué con todo mi corazón, para llegar, con la gracia del Espíritu Santo y la ayuda de la Virgen María, a la caridad perfecta sirviendo a Dios y a la Iglesia”, expresó la Hermana Luz.
La ceremonia culminó con un agradecimiento especial dirigido por la religiosa, quien destacó el apoyo y la comunión vividos a lo largo de su misión. La comunidad participó con alegría, reconociendo la importancia de su testimonio en el camino de fe.
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