Con alegría se vivió el encuentro de cierre del Mes de María en Vicaría de Arauco

Publicado el: 6 Diciembre, 2023

Más de 200 personas participaron en el encuentro de cierre del Mes de María de la Vicaría de Arauco, que se realizó este sábado 2 de diciembre en la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Cañete

Si bien el Mes de María culmina el 8 de diciembre, con la Solemnidad de la Inmaculada Concepción que se celebrará en cada comunidad parroquial, decidieron reunirse previamente como Vicaría y Decanato Arauco para tener la oportunidad de celebrar todos juntos como familia de Dios. 

Durante el encuentro se vivió un momento de dinámicas y cantos animado por Guerreros de la Fe, también rezaron el Santo Rosario, celebraron la Eucaristía, y se realizó un compartir fraterno. 

La Misa fue presidida por el Obispo Auxiliar de Concepción y Vicario Episcopal de Arauco, Monseñor Oscar García, junto al Decano de Arauco y Párroco de Cristo Peregrino, Padre Pablo Leiva; al Párroco de Nuestra Señora del Carmen de Cañete, Padre Gilberto Matuz; y al Párroco de Santa Rosa de Lima de Lebu, Padre Hernán Llancaleo. 

Monseñor Oscar inició su homilía agradeciendo a Dios por estar reunidos como familia y comunidad, enfatizando que “el único que nos ha convocado y el único que le da sentido a que hoy estemos aquí presentes es Jesucristo, nuestro Señor, que hoy viene a través de su Palabra, junto con su Madre, para iluminar nuestro camino, nuestra vida y nuestra realidad”.

Luego de referirse a los lemas de las distintas comunidades en el Mes de María, afirmó que todos estamos llamados a encontrarnos con Jesucristo y a hacer una experiencia viva y real con Él, a través de la escucha de su Palabra, de la oración, del encuentro comunitario y de la vivencia de los sacramentos, y “sólo en la medida que hacemos esa vivencia personal, sin lugar a dudas, también se hace más fecunda la experiencia comunitaria y también podemos seguir caminando tras la huella que nos pide”. 

“Y cuando ponemos en práctica la vivencia nuestra, pero sobre todo su Palabra, viviendo con consecuencia en nuestra propia realidad, hacemos también como María: llevamos la alegría en medio de nuestros ambientes (…) Cuando comunicamos la alegría de habernos encontrado con Jesucristo y vivimos con coherencia los valores del Evangelio y el Evangelio se encarna en nosotros, produce un efecto no sólo en nuestra vida, que la transforma, sino que también en la vida de las personas que el Señor, en su Divina Providencia, pone en nuestro camino”, destacó. 

Haciendo alusión al Evangelio en que se narra la visita de la Virgen María a su prima Isabel, quien se pregunta “¿Cómo he merecido que la madre de mi Señor venga a visitarme?”, Monseñor Oscar señaló que así también con nosotros, muchas personas se hacen esa pregunta, ya que “les llevamos lo más grande, el tesoro por excelencia, que es Jesucristo. No hay otro tesoro mayor que Jesucristo, conocerlo, amarlo, seguirlo, pues es Él quien le da pleno sentido a nuestra vida. Y así debería ser. Yo creo que cada uno de nosotros -en nuestra propia realidad- tratamos de vivir conforme a su querer, conforme a la voluntad de Él, viviendo en la exigencia que el Evangelio nos provoca en el corazón, porque el Evangelio siempre provoca un desinstalarnos e incluso cuestiona nuestra conciencia, pero para mayor bien nuestro y mayor bien de aquellos que el Señor pone en nuestro camino (…) y eso es bueno saberlo reconocer y también saber reconocer la responsabilidad que uno tiene a la altura del pedido y del don recibido de parte del Señor. Todos los días, no vivir solamente un día como cristianos o conforme a lo que Él nos pide, sino que todos los días en nuestra propia realidad, desde que amanecemos hasta que nos vamos a acostar”. 

El Vicario Episcopal de Arauco sostuvo que María Santísima viene en nuestra ayuda, pues “ella supo escuchar al Señor, hacerlo vida en su propio corazón y en su vientre, y llevarlo y portarlo con alegría a los demás, porque vivió una vida consecuente. Ese fiat que le dijo un día al Señor, no mudó ni cambió ningún instante en su vida” y por eso hoy podemos acudir a ella para que interceda por nosotros y nos ayude a vivir conforme a la voluntad de Dios, para transformar nuestra propia realidad. 

En ese sentido, aseveró que ante tantos signos de muerte, inseguridad y pesimismo que hay en la sociedad, el cristiano está llamado a ser luz y sal, capaz de iluminar, dar sabor y también ser fermento de transformación. Pero, recalcó que esto no es posible si no estamos convencidos y no lo tomamos realmente como algo propio el vivir con coherencia las verdades del Evangelio, aunque nos signifique sacrificio, renuncia, desinstalarnos y ponernos en camino como María Santísima, para llevar al Señor, iluminar las realidades y devolver la esperanza y la alegría de vivir a los hermanos que han perdido la alegría y la esperanza en su corazón y en su propia vida. 

Finalmente, Monseñor Oscar invitó a los presentes a pedir juntos como comunidad “poder reflejar la alegría de estar con Jesucristo, la alegría de tener a María nuestra Madre, que ella camina con nosotros” y que “ojalá puedan decir de nosotros “feliz de ti por haber creído”, que se nos note en las palabras, en los hechos, en las acciones, que realmente Jesucristo es el Señor de nuestra vida, que ha puesto una impronta y un sello imborrable, y que junto con su Madre también queremos ser portadores de esa alegría en medio de nuestra propia realidad y sobre todo para iluminar tantas oscuridades y tinieblas que en la sociedad y en el mundo hay. Estemos atentos, vigilantes, seamos sencillos como palomas y astutos como serpientes para que no nos avasallen las cosas negativas, tenemos que ser cristianos que muestren la esperanza y la alegría como nuestra Madre Santísima”. 

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