Convención Constitucional: la avalancha de información y el “arte” de discernir

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Publicado el: 30 agosto, 2021

Catalogado por muchos como un hecho histórico, el pasado 4 de julio seguramente quedará en la retina de la comunidad por lo inédito y lo trascendente: ese día los 155 constituyentes elegidos asumieron sus cargos y con ello las facultades para comenzar a sesionar y trabajar en una nueva propuesta de Constitución para nuestro país.

Como era de esperar, el asunto se tomó gran parte de la agenda mediática y social. En algunas ocasiones por temáticas complejas pero trascendentales y en otras, por detalles y nimiedades altamente divulgadas, pero que seguramente no quisiéramos conocer ni comentar

Y es que hoy, el acceso a dispositivos tecnológicos y la democratización de Internet permiten la transmisión inmediata de muchísima información, lo cual evidentemente es una garantía frente a un proceso que debe ser participativo y conocido por todos. Sin embargo, como las dos caras de la moneda, estas mismas herramientas generan la circulación de todo tipo de datos que en lugar de informarnos, podrían terminar generando un extravío informativo donde los cuestionamientos abundan, así como la polarización, la exacerbación, el rechazo, la duda, la incerteza y -por qué no decirlo- la violencia, de la que hemos sido testigos en el plano material, oral y digital.

Este es el entorno al que en 1996 se refería el psicólogo inglés David Lewis, quien al mezclar los términos información e intoxicación acuñó el neologismo “infoxicación”, para referirse a un fenómeno muy frecuente en la actualidad y particularmente en este asunto: corremos el riesgo de estar intoxicados con información, por exceso y por falta de filtro del contenido que transita

¡Cuánta relevancia tienen entonces los medios de comunicación social y los informadores profesionales, en su función depuradora de lo cierto, lo interesante y lo relevante! Hecho público en 1963, el decreto pontificio Inter Mirifica ya reconocía su trascendencia para la vida personal y social. El texto firmado por el Papa Pablo VI indica que la sociedad tiene derecho a la información sobre cuanto afecte a los hombres individual o socialmente considerados y según las circunstancias de cada cual. Sin embargo, el mismo documento advierte que el recto ejercicio de este derecho exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempre verdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad. Además, indica que en cuanto al modo ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales, los derechos legítimos y la dignidad del hombre, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación.

Entonces, es innegablemente válida la pregunta ¿cómo enfrentar un proceso como la generación de una nueva Constitución para Chile sin caer en prácticas viciosas a la hora de evaluar y difundir información, con altura de miras y con el respeto por el otro que una acción tan relevante exige?

El Papa Francisco ha manifestado en reiteradas oportunidades acerca de la necesidad de trabajar fuertemente para formar a las personas en el discernimiento personal y comunitario y evitar caer en esta “cultura de la muerte”. Ello, entre muchas otras cosas, significa desarrollar las capacidades de distinguir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo conveniente y lo que no. En abril de 2018, el Santo Padre remarcó la necesidad de la Iglesia de crecer en el discernimiento espiritual. “Recemos juntos para que toda la Iglesia reconozca la urgencia de la formación en el discernimiento espiritual, en el plano personal y comunitario”, sostuvo. La meta es discernir “de entre todas las voces, cuál es la voz del Señor, cuál es la voz de Él que nos conduce a la Resurrección, a la Vida, y la voz que nos libra de caer en la cultura de la muerte”, dijo.

En septiembre de 2017, en un curso de formación para nuevos obispos, el Papa ya había introducido su preocupación por el tema: “El tiempo en el que vivimos nos exige desarrollar una profunda capacidad para discernir”, reflexionó. “Necesitamos leer desde dentro lo que el Señor nos pide, para vivir en el amor y ser continuadores de esta su misión de amor”, agregó.

Lógicamente, discernir implica el acceso a los datos, los acontecimientos y los detalles, pero Inter Mirifica también valoriza la función periodística y la integridad moral de los informadores, en tiempos donde con un teléfono inteligente y una conexión a Internet, cualquiera puede transmitir un hecho o una opinión. El texto nos recuerda que para el recto uso de estos medios, es absolutamente necesario que todos los que los utilizan conozcan las normas del orden moral en este campo y las lleven fielmente a la práctica. Puesto que hoy día la opinión pública ejerce un poderosísimo influjo en la vida privada y pública de los ciudadanos de todos los sectores, es necesario “que todos los miembros de la sociedad cumplan sus deberes de caridad y justicia también en este campo y así, con la ayuda de estos medios, se esfuercen por formar y difundir una recta opinión pública”, indica.

Para cerrar, nada mejor que las palabras que el Papa nos entregó en septiembre de 2019 durante la audiencia general. Ese día, nos invitó a ejercitar la reflexión y el discernimiento a partir del libro de los Hechos de los Apóstoles: “cuando el Sanedrín está para tomar la decisión de matarlos, se alzó en medio de la Asamblea Gamaliel, un fariseo respetado por todo el pueblo, y para ayudarles a reflexionar tomó la palabra y les enseñó cómo ejercitar el discernimiento frente a una situación que rompía los esquemas acostumbrados”. Aquello no consiste en aplicar soluciones preconfeccionadas, sino que es más bien un arte: es el ejercicio de la inteligencia espiritual con el que aprendemos a ver la realidad con una mirada contemplativa y a no hacer juicios apresurados, “descubriendo en nuestras vidas las huellas de la presencia de Dios”, recalcó.

Dr. Fernando Gutiérrez Atala
Académico del Departamento de Ciencias de la Comunicación
Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)

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