Con esperanza y espíritu de oración, fieles se congregaron este sábado 1 de noviembre en el Cementerio General de Concepción para participar en la Eucaristía de la Solemnidad de Todos los Santos, presidida por el Arzobispo de Concepción, Mons. Sergio Pérez de Arce.
La celebración permitió recordar a los seres queridos que han partido y renovar la confianza en la vida eterna. Durante su homilía, Mons. Sergio destacó que esta misa “la vivimos por cariño con nuestros hermanos difuntos, porque seguimos unidos a ellos de alguna manera en la fe y en la esperanza”.
El Arzobispo subrayó que el sentido más profundo de esta fecha está en la certeza de que Cristo vivió nuestra muerte y nos abrió las puertas del cielo: “El Hijo de Dios vivió la muerte, lo que todos nosotros viviremos. Pero el Señor vive resucitado, nos acompaña y nos ha abierto las puertas del cielo para decirnos que todos caminamos al encuentro con Dios”, expresó.
Mons. Sergio invitó a los presentes a contemplar la vida desde la fe, recordando que “somos peregrinos de la esperanza”, llamados a caminar con la mirada puesta en el encuentro pleno con Dios. “Nuestra vida tiene una meta, un horizonte y un camino que llega al encuentro con Él. No lo debemos olvidar: somos peregrinos de la esperanza”, afirmó.
En esa misma línea, destacó que la solemnidad de Todos los Santos permite reconocer a “aquellos hombres y mujeres, conocidos y anónimos, que ya gozan de la comunión plena con Dios”.
“Vivieron el Evangelio con verdad, con amor, tuvieron alma de pobres, hambre y sed de justicia, fueron misericordiosos y trabajaron por la paz. Ellos están en el cielo y oran por nosotros”, señaló Mons. Pérez de Arce.
El Arzobispo llamó también a los fieles a vivir la santidad en la vida diaria, siguiendo las palabras del Papa Francisco. “Cada uno de nosotros tiene que ser santo, cada uno por su camino. La santidad no es otra cosa que amar a Dios con todo el corazón y amar al prójimo como Cristo nos ha amado”, reflexionó.
Finalmente, pidió a los presentes orar por sus difuntos y perseverar en el camino del Evangelio, recordando que “el Señor nos recibirá un día en su casa”. “Mientras tanto, tenemos que orar por nuestros fieles difuntos y caminar en la santidad, para que Dios nos reciba también un día en su casa”, concluyó.