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Hermana Cecilia Osses: “La vida consagrada es una gran aventura”

Publicado el: 18 Diciembre, 2024

Luego de 22 años, la hermana Cecilia Osses, de la congregación Hermanas Misioneras Catequistas de Boroa, dejará la Arquidiócesis de Concepción a finales de diciembre, para integrarse en el equipo diocesano de Catequesis de la Diócesis de Villarrica. 

Comunidad

En 2025, la hermana Cecilia cumplirá 35 años de vida consagrada y recuerda que su vocación nació en el seno de su familia, gracias al ejemplo y fe de sus padres, y fue madurando gracias al testimonio de las personas de su parroquia. 

“Había en la capilla un grupo de señoras que hacía oración todos los jueves y cuando aparecía alguien que tenía vocación -porque somos varios los que salimos de esa capilla, hay sacerdotes y otras religiosas- ellas siempre nos decían: Nosotras vamos a estar aquí todas las semanas rezando por ustedes. Entonces para nosotros fue un pilar de la vocación saber que había una comunidad apoyándonos y rezando por nosotros”, destaca. 

La vida religiosa de la hermana Cecilia ha estado marcada por la catequesis y la misión, dos servicios que inició cuando aún era una adolescente en su comunidad eclesial de base. “La catequesis fue lo que formó mi vida, lo que me dio el perfil para mi vida, y lo que hizo que mi vocación tuviera algo en que proyectarse, en qué concretarse”, agrega. 

Catequesis y misión

Durante su vida como misionera, la hermana Cecilia ha estado en diversos lugares como Vichuquén, Villarrica, Osorno, Santiago e incluso en Francia. Y en nuestra arquidiócesis ha acompañado a las comunidades de Lota Alto, de Villa Mora de Coronel, de Curanilahue, de las zonas rurales de Cañete, Contulmo y Tirúa, y, en los últimos diez años, también ha administrado la Parroquia Jesús Obrero de Schwager.

Además, ha desarrollado una intensa labor en el ámbito de la catequesis, como coordinadora del Departamento de Evangelización y Catequesis de la Arquidiócesis de Concepción y apoyando la coordinación de los equipos diocesanos de catequesis de la zona sur de Chile. 

Para la hermana Cecilia, “lo más lindo de trabajar en la arquidiócesis en estos años ha sido el compartir con la gente, ver la fe tan profunda que tienen, lo sacrificados que son los catequistas para prestar su servicio en las parroquias”. En ese contexto, destaca que algo “que me llega mucho es ver a tantos laicos que aman al Señor, que entregan su tiempo y su vida por profundizar su fe, por formarse y estar siempre al servicio de los hermanos”. 

Asimismo, valora la solidaridad y creatividad en tiempos difíciles, como los vividos durante la pandemia: “Creo que cuando vivimos momentos de mucha dificultad, siempre aparecen luces nuevas, formas nuevas de ir desplegando la creatividad de las personas para anunciar el Evangelio y comunicar a Jesucristo. Y yo siento que eso aquí realmente se da plenamente en la gente, tanto en los catequistas como en los animadores de comunidades y en los agentes pastorales en general”.

La hermana Cecilia recuerda con cariño a monseñor Fernando Chomali y agradece la confianza y el apoyo que le brindó cuando debió asumir la administración de la Parroquia Jesús Obrero y la coordinación del Departamento de Catequesis. Tiempo en que surgieron diversas iniciativas como el Diplomado en Pedagogía Catequética en la UCSC, donde se formaron cerca de 500 catequistas, y el Encuentro Diocesano de Catequistas, entre otros.  

“Creo  que hay muchas cosas bonitas que me llevo, que guardo en el recuerdo y que fueron muy profundas en el sentido de ayudarme a vivir mi propia fe y el ir viviendo la fe con las demás personas”, enfatiza. Y,  haciendo mención del esfuerzo y la disponibilidad del equipo diocesano de catequesis, agrega que “ver esta entrega generosa de la gente, me alegra y me ayuda a mirar hacia atrás y decir: Gracias, Señor”. 

La vida consagrada es una aventura

Antes de partir, la hermana Cecilia Osses anima a quienes sienten una inquietud vocacional a buscar a alguien que los ayude a discernir y profundizar. Y, también a mirar su entorno y fortalecer sus raíces en una comunidad, ya sea su parroquia o su capilla, pues “tienes que tener esas anclas alrededor, que son los pilares que te apoyan y te impulsan”. 

Además, los exhorta a preguntarse “¿Cómo está mi relación personal con el Señor? Y desde ahí embarcarse en la aventura de la vida consagrada, en la aventura de ser un religioso, religiosa o sacerdote. Porque la vida consagrada es una gran aventura, como la vida misma. La aventura que queremos vivir los que nos arriesgamos, los que no queremos permanecer instalados y los que queremos vivir con las maletas en la puerta, listos para partir a donde me envíen y a donde me necesiten”.

“Así que sólo decirles que harto ánimo, harta fortaleza, y que el Señor jamás nos va a defraudar. Fieles a Él, siguiéndolo a Él, con la mirada fija en el Señor, la vida consagrada hoy es una gran opción para el hombre y la mujer que se atrevan a seguir a Jesús”, añadió.

Finalmente, la hermana Cecilia se despide de la Iglesia de Concepción, agradeciendo “a tantos laicos que me acompañaron, que me ayudaron, que trabajaron conmigo. Agradecer la confianza de monseñor Fernando Chomali, que me dio esta misión de prestar este servicio en la catequesis, en la parroquia y todo su apoyo y ayuda personal. Agradecer a cada uno de ellos por todo lo que hemos vivido y todo lo que hemos podido realizar gracias al impulso del Señor. Espero que el Señor les bendiga, que Él siga acompañándoles como siempre. Paz y bien para todos ustedes”. 

Fuente: Revista Nuestra Iglesia

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