Con gran alegría se realizaron las misiones en la Comunidad Espíritu Santo de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Cañete, entre el 4 y el 15 de enero. Estuvieron a cargo de la religiosa Carmen Ñanco, de las Hermanas Misioneras Catequistas de Boroa y son fruto de un convenio de colaboración entre esta congregación y la comunidad parroquial por tres años, siendo éste el tercero. El grupo de misioneros lo integraron en su mayoría jóvenes, acompañados por dos religiosas y algunos adultos, que viven el carisma de esta congregación, junto a miembros de la comunidad parroquial pertenecientes a grupos de confirmación y diversas pastorales de adultos.
La misión inició el 4 de enero con la presentación de los misioneros a la comunidad parroquial y la misa de envío, presidida por Monseñor Bernardo Álvarez, Obispo Auxiliar de Concepción, de visita en la parroquia. Posteriormente, el equipo de misioneros participó en un retiro espiritual de preparación, culminando así un periodo de formación previa que se extendió durante seis meses.
El objetivo central fue visitar la comunidad Espíritu Santo para hacer un diagnóstico de la realidad religiosa de las familias, identificando sus necesidades espirituales. Se bendijeron los hogares, visitaron enfermos y difundió los horarios de misa. Luego de este tiempo, se tiene proyectado acompañar mensualmente por un año, para afianzar y fortalecer la vida de la comunidad visitada.
El día de misión comenzaba con la Eucaristía a las 07:30 horas, desayuno y oración comunitaria en la capilla antes de salir a terreno para visitar los hogares entre las 09:00 y las 13:00 horas, trabajo que continuaba en la tarde de 15:00 a 18:00 horas. Al regresar, se evaluaba el día, registrando las casas visitadas y las necesidades detectadas.
Testimonios misioneros
Manuel Arias tiene 26 años. Es de Temuco y participa en misiones desde su época escolar. Él nos cuenta “fuimos recibidos con un cariño impresionante por parte de la comunidad parroquial. Fue conmovedor llegar a un hogar donde ya me esperaban tras haber escuchado el anuncio de nuestra visita por la radio. Durante los recorridos casa por casa, compartimos momentos de oración y diálogo sobre la historia de la comunidad. Notamos que muchas personas añoraban la vida parroquial y la presencia sacerdotal. Aunque encontramos algunas casas vacías debido a las vacaciones o los horarios laborales, logramos conectar con personas alejadas de la iglesia que mostraron un genuino interés en reintegrarse. Ha sido una experiencia sumamente bendecida, donde se ha hecho evidente el fruto del trabajo realizado en años anteriores por misioneros, hermanas y la parroquia local”.
Francisca Toledo es de la Parroquia de Cañete, específicamente del grupo de confirmación. Para ella, salir a misionar es una de las experiencias más lindas que ha vivido. “Comencé misionando el 2025 en la capilla de Fátima y este año pude continuar en la capilla Espíritu Santo. Llevo dos años visitando hogares y ofreciendo ayuda a quienes lo necesitan. Cada vez entiendo más lo importante que es estar para el otro. Muchas personas nos decían que este gesto ya no se veía, entonces, eso hace que esta misión sea más significativa. El primer año, admito que salí con muchos nervios porque no sabía lo que tenía que hacer o decir, pero ahora fue muy distinto ya que estaba muy emocionada de poder compartir con la gente, escucharla y ayudar. Estas misiones me han dejado con el corazón llenito y con ganas de seguir saliendo y sirviendo a la gente, ya que Dios nos enseñó que teníamos que amar al prójimo como a uno mismo”.
Luz Rodríguez es la animadora de la capilla Espíritu Santo, se toma el tiempo para encontrar las palabras precisas, que expresen la profunda alegría que dejó la Misión 2026 en la comunidad. “A pesar de ser una zona con una población muy amplia, logramos visitar a todas las familias y tocar cada puerta. La respuesta fue conmovedora; parecía que todos esperaban esta visita y, con ella, el encuentro con el Señor. Como fruto de esta labor, celebramos sacramentos, llevamos bendiciones a los hogares y consuelo a los enfermos. Aunque a veces percibimos indiferencia, la realidad nos mostró una gran necesidad de conocer a Dios y de sentir la compañía de la Iglesia. Todo esto culminó en una verdadera fiesta con la capilla repleta y un auténtico ambiente de felicidad”.
Cabe destacar que el primer año de misión fue el 2024 en la comunidad Sagrada Familia de Llenquehue; donde se identificó a las familias católicas y se acompañó al sector mensualmente con formación, visitas y comunión a los enfermos. Culminó con la formación de una comunidad cristiana con animadoras locales. El 2025, en la Comunidad Nuestra Señora de Fátima, se usó la misma metodología dado lo fecundo que resultó el modelo, logrando que los propios residentes asumieran responsabilidades de servicio en su comunidad. Por último, este 2026 en la comunidad Espíritu Santo, se busca replicar este fruto, detectando un fuerte deseo de los vecinos por recibir sacramentos, por lo cual se realizan catequesis vespertinas para consolidar una pequeña comunidad de fe.
La comunidad Espíritu Santo agradeció al Señor por su amor derramado en el equipo misionero, que trabajó con alegría, ánimo y entrega, sin rendirse ante el cansancio o el intenso calor; también a los sacerdotes de la Parroquia, por su constante preocupación.