A sus 62 años de sacerdocio, el padre Cecilio continúa sirviendo con alegría como canónigo penitenciario en el templo jubilar de la Arquidiócesis, acompañando a tantos fieles que buscan el perdón de Dios en este tiempo de gracia.
En el marco del Jubileo 2025, la Iglesia vive un tiempo especial de conversión y renovación espiritual, y uno de los signos visibles de este camino es la apertura de templos jubilares, donde los fieles pueden acceder a indulgencias plenarias. En este contexto, el sacramento de la reconciliación adquiere un lugar central como signo de la misericordia de Dios.
En la Arquidiócesis de Concepción, la Catedral es uno de estos templos jubilares, y allí se encuentra cada semana el padre Cecilio de Miguel (86), sacerdote español que este 29 de junio celebró 62 años de vida sacerdotal. “Yo me encuentro feliz en el confesionario, porque ahí estoy con los pecadores como yo. Y veo la alegría enorme que sienten cuando reciben el perdón de Dios”, comparte con sencillez y convicción.
Formado en la diócesis de Palencia, llegó a Chile por invitación del padre Eliseo Escudero para colaborar en los inicios de la Universidad Católica de la Santísima Concepción y el Seminario Metropolitano. Desde entonces, ha desarrollado una vasta labor como docente, formador y director espiritual. “Siempre he creído que lo recibido gratuitamente hay que darlo gratuitamente, sobre todo a quienes más lo necesitan”, afirma.
Actualmente, ejerce como canónigo penitenciario, ministerio que —según el Código de Derecho Canónico— implica atender el confesionario de la Catedral y tener facultades para absolver pecados reservados, como el aborto. “Es muy fuerte acompañar esos procesos. A veces llegan mujeres con miedo, con tristeza, y uno puede mostrarles que Dios no las ha dejado de amar. Tienen un angelito en el cielo, y la misericordia de Dios lo transforma todo”, relata.
El padre Cecilio dedica largas horas al servicio en el sacramento del perdón: de lunes a domingo, entre las 9:00 y las 12:30 horas (excepto los miércoles). “He tenido que ausentarme algunos días porque a veces el cansancio es grande. Pero también es muy grande el consuelo. Hay personas que me dicen: ‘Padre, anoche estuve luchando contra la tentación de quitarme la vida, y vine porque necesitaba encontrarlo’. Ahí uno entiende que Dios lo quiere ahí”.
En este tiempo de gracia, su mensaje es claro: “El Jubileo es una oportunidad hermosa para vaciar hasta el purgatorio. Confesarse es dejar que Dios limpie el alma con amor. ¡Y además estoy de rebajas, pongo poca penitencia!”, dice entre risas, con el humor que lo caracteriza.
Al concluir, anima a todos los fieles que aún no se han acercado a este sacramento: “No tengan miedo. El mayor regalo de este Año Santo es la misericordia de Dios. Que nadie se prive de experimentarla”.