En el camino sinodal el Espíritu Santo es el guía, el mismo Espíritu que orientó el Concilio Vaticano II. Al inicio de cada sesión es rezada una oración que el Papa Francisco eligió como la invocación al Espíritu Santo para este camino sinodal, como fue recordado por la delegación argentina en la oración inicial del día.
Un día que ha tenido las estacas de la Tienda, entregadas por los obispos argentinos, como centro de la reflexión de este peregrinar que los países del Cono Sur están llevando a cabo en la Asamblea realizada en Brasilia de 6 a 10 de marzo con casi 200 participantes.
Peregrinar es un acto simbólico hacia Dios, nos dispone a ser agradecidos y al caminar como pueblo nos recuerda la necesidad de una salvación comunitaria, recordaban en la oración, enfatizando “el proceso de ensanchar nuestras tiendas, de ampliarlas con cubre-techos, ábsides, cuerpos nuevos”. En esas tiendas, hemos tensado sus cuerdas, “sus vientos” con el nudo que simboliza la hermandad.
Tanto la tienda como las estacas dependen del territorio en el cual uno vaya a quedarse, pero la estaca siempre se oculta bajo la tierra… Y se brinda, oculta, para que la tienda sea refugio, lugar de vida compartida, espacio de descanso. Junto con eso no podemos olvidar que armar una tienda es una tarea colectiva, que una estaca por sí sola nada puede hacer y que las estacas deben ser revisadas y cuidadas constantemente.
Todo eso continúa siendo reflexionado en las comunidades de discernimiento, una experiencia muy enriquecedora, en palabras de Mons. João Justino de Medeiros Silva, que destaca la metodología de la conversación espiritual y la heterogeneidad, algo que abre a la atención a la palabra y a la experiencia del otro, en un ejercicio desafiador y edificante, mostrando su esperanza de que “lo que está siendo dialogado, traído, sea de hecho después aprovechado en los procesos siguientes”.
Encontrados para vivir un solo espíritu es algo destacado por la Hna. Fabiola Camacho, que ve la Asamblea del Cono Sur como algo que anima al Espíritu, señalando la importancia de que la conversación espiritual “sea un método que continue en la vida de toda la Iglesia para las tomas de decisiones”. La religiosa insistió en que “es el Espíritu que está en medio nuestro, que nos está diciendo, nos está llevando y nos está inspirando a esa Iglesia que todos queremos, una Iglesia más sinodal”.
Un momento para extraer del material que está siendo usado para la reflexión “las señales más fuertes en este colectivo que se transforma en una comunidad”, algo que que Ivone María Perassa considera muy importante. Al mismo tiempo destacó la necesidad de respetar las escuchas de base, cada persona y la comunidad.
Del método de la conversación espiritual, el Padre Richard Arce destacaba la novedad y el hecho de haber permitido hablar a todos y compartir en un clima de discernimiento. Junto con ello conocer lo que cada persona hace en sus diócesis y comunidades, destacando la hermosura del encuentro, de la escucha “con atención, con cariño, con amor, tratando de descubrir tanta vida que hay en nuestra América Latina y en nuestro Cono Sur”, algo que ve como un signo de los tiempos, que nos dice que “caminar juntos es posible”, agradeciendo al Papa Francisco por haber invitado a caminar juntos.
Unas estacas que como recordaba Mons. Oscar Ojea “tienen que hundirse en la tierra, de un modo firme, adaptándose a cualquier tipo de tierra”, señalando que “las estacas representan nuestra fe”, una fe recibida por casi todos de una mujer. Una fe que es “un acto de responsabilidad frente a los demás, frente al prójimo”, hasta el punto de decir que “nuestra fe no es una evasión de la realidad, nuestra fe no es un pietismo individualista, ni una técnica del bienestar espiritual que nos tranquilice la conciencia, que nos deje en paz”.
Esa fe que en muchos casos no lleva al compromiso, llevó al presidente del episcopado argentino a destacar que, frente a Lázaro, que tiene nombre, “Lázaro significa Dios ayuda”, el rico “no tiene nombre, no tiene identidad, no es nadie, todo lo que es, es lo que tiene, todo lo que es, es lo que hace, todo lo que es, es pura soberbia, pura vanidad, pura nada”. Desde ahí llamó a asumir que “hundir la estaca de la fe significa pedirle al Señor que abra nuestros ojos, que no los deje cerrar, que no los deje adormecer, en un mundo que nos engaña constantemente en este aspecto, en un mundo que nos hace mirar para otro lado, un mundo donde no hay lugar para muchos en la Tienda”.
La Hna. Carmen Gloria Mancilla y la Hna. Silvia Coloma, religiosas que forman parte de la delegación chilena en la Asamblea Sinodal del Cono Sur, cuentan detalles de la tercera jornada del encuentro regional.
Carmen Gloria Mancilla, religiosa SSCC, relata que en el tercer día reflexionaron en torno a la misión, a la comunión y a la corresponsabilidad, lo que “ha sido súper interesante también desde la mirada del conversatorio espiritual siguiendo los pasos en nuestros grupos y también en el plenario. Mirar cómo llegamos a a estos acuerdos, el sentir esta ministerialidad, el sentir el papel de la mujer, este llamado, en este camino de la sinodalidad”.
La hermana añade que “ha sido valioso también sentir que el Espíritu nos habla, sentir que este camino de sinodalidad que nos ha invitado el Papa Francisco lo vivimos desde nuestro carisma desde la vida religiosa, desde la vida laical, toda común dignidad de bautizados y agradecemos, porque siendo aquí tantos y en diversos grupos -también en diversas lenguas- el Espíritu nos motiva a dar pasos a caminar”.
Por su parte Silvia Coloma, de la Congregación Compañía de María, agrega que el encuentro “ha sido realmente un espacio de practicar, dialogando, la fuerza que tiene la experiencia de la sinodalidad. Hemos logrado sentirnos realmente un solo cuerpo con diversidad de dones, con diversidad de expresiones. El miércoles, por ejemplo, celebramos el Día de la Mujer: todos lo que se sintieron convocados a celebrar lo hicimos de una manera muy sencilla, pero también de una manera muy comprometida, abierta”.
La religiosa destaca que todo lo que se va viviendo, haciendo experiencia de sinodalidad “implica también para nosotros, nuestra Iglesia, un gran desafío para continuar haciendo este caminar y no que esto se quede solamente en la expresión, o de unas palabras, o de un documento. Sino, lo que hemos vivido acá, que lo podamos transmitir, lo podamos compartir, para hacerlo una práctica, una vivencia. Que seamos realmente una Iglesia acogedora, una Iglesia que se alegra, una Iglesia que celebra y que no mira de dónde vengo, ni quién soy, sino realmente un espacio donde todos nos sentimos iguales y participando de la vivencia del Espíritu y de nuestra fe”.