En la reciente Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, diferentes comunidades parroquiales de nuestra Arquidiócesis agradecieron el valioso testimonio de los Ministros Extraordinarios de la Comunión (MEC), cuya labor permite que muchos hermanos especialmente enfermos y adultos mayores, reciban el consuelo del Cuerpo de Cristo.
En la celebración de la Eucaristía, algunos de ellos renovaron su compromiso, mientras otros comenzaron esta bella tarea de ser testimonio de una Iglesia que acompaña y cuida. Conversamos con cuatro ministros, quienes nos compartieron su experiencia.
Don José es ministro desde hace más de 40 años. Partió en la Comunidad María Auxiliadora de Cerro Estanque, continuando en la Comunidad Medalla Milagrosa del sector 18 de Septiembre, ambas pertenecientes a la Parroquia Nuestra Señora de la Candelaria de Tomé. Él nos cuenta que “desempeñar este servicio, por misericordia de Dios, es lo mejor que me ha pasado en la vida. La verdad de las cosas es que uno siempre le falla al Señor, que por misericordia nos encomienda una misión que nos ayuda a mejorar. Yo enviudé muy joven y luego conocí a Florentina, que llegó a mi vida cuando estaba lejos de Dios. Nos casamos, ella me acercó a la Iglesia y me encaminé a la vida de fe, siendo Ministro de la Comunión y haciendo catequesis allá por el año 1978 junto al padre Eliecer Quiroz. De ahí el Señor no me ha soltado y me ha dado nuevas responsabilidades dentro de la Iglesia. Más que ayudar, he recibido mucho a mis 81 años de edad, por eso siempre pido corresponder a Dios por su misericordia”.
Don Juan Alberto lleva cerca de 25 años como ministro y tiene absoluta claridad de lo que significa este apostolado. Él nos indica que, “la misión es acercar el Cuerpo de Cristo a las personas postradas, impedidas de asistir a misa, pasando a ser los brazos de la Iglesia. En mi caso, junto a otros 60 Ministros Extraordinarios de la Comunión, abarcamos toda la ciudad de Coronel y el decanato Del Carbón. Para nosotros es un tesoro y un tremendo orgullo llevar el Cuerpo de Cristo en nuestro corazón, llegar a los enfermos y hermanos que tanto lo necesitan es un regalo de Dios, por eso cumplimos esta tarea con tanto cariño y amor. El MEC debe ser uno con la Eucaristía y Adoración al Santísimo, que es donde se fortalece la fe”.
La señora Carlota recuerda que comenzó con esta labor cuando fue a Temuco a ver al Papa Francisco. Con emoción, nos cuenta que “en el momento de la comunión, mientras compartíamos la misa con el Papa, fui adelante como voluntaria para sostener una bandera que señalizaba la presencia de un ministro en medio de la gente. En ese momento, la persona que iba conmigo dijo que yo ya me estaba preparando para ser ministra, y en vez de una bandera me entregaron el cáliz. De a poco me fui dando cuenta que Dios había pensado en mí, algo que agradezco siempre, ya que ha sido una experiencia muy linda y especial, con el apoyo de mi familia. Recuerdo que en una ocasión hubo un matrimonio que estuvo muy enfermo y en la comunidad oramos por ellos. Cuando los fui a visitar les ofrecí llevar el sacramento de la comunión, y a través de él se acercaron nuevamente a la Iglesia”.
Don Gastón recibió el nombramiento para ser ministro recién el pasado fin de semana, y accedió a contarnos su testimonio. Nos indica que “en el verano de este año mi madre permaneció hospitalizada entre enero y marzo, y junto a mi hermano y mi esposa estuvimos siempre junto a ella. Era una mujer que rezaba el Santo Rosario a diario y muy devota de la Virgen del Carmen, de hecho, se fue al encuentro con el Padre vestida con los colores de la Virgen. En esos meses, cuando iban a darle la comunión, veía la alegría que ella sentía al recibir el sacramento, y me percaté que se necesitaban más personas que estuvieran atentas al llamado de los enfermos. Justo entonces mi párroco me llamó y fue una bendición de Dios, porque era para encomendarme lo mismo que yo había detectado como necesidad. Si puedo aportar con un granito de arena, bienvenido sea, cumplir esta labor de llevar la comunión a los enfermos es algo extraordinario”.
A don José, don Juan, la señora Carlota y don Gastón, ¡muchas gracias por su testimonio! Y a través de ellos, extendemos el reconocimiento a todos quienes son ministros extraordinarios de la comunión en nuestra Arquidiócesis.