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Misa de Navidad: Monseñor Álvarez invita a ser verdaderamente acogedores de la Palabra de Dios

Publicado el: 26 Diciembre, 2023

El Administrador Diocesano de Concepción, Monseñor Bernardo Álvarez, presidió la Misa de Navidad, la mañana de este lunes 25 de diciembre en el templo Catedral. 

En su homilía, Monseñor Bernardo explicó que, por única vez en el año litúrgico, una solemnidad se celebra en cuatro Eucaristías: Misa vespertina de la Natividad del Señor, la Misa de Nochebuena, la Misa de la Aurora de Navidad y la Misa del día de la Natividad del Señor, “porque nos ayuda a comprender que es un misterio tan grande que incluso no se puede celebrar de una sola vez. Y es así que de manera progresiva, a través de cada una de las liturgias de la Palabra, se llega al culmen con la lectura que hoy escuchamos en la misa del día, con esa reflexión ya más contemplativa y profunda del evangelista San Juan en el prólogo de su Evangelio”. 

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“El Hijo de Dios entre nosotros es un misterio que anoche celebrábamos y acogíamos como la luz que viene en medio de nuestras tinieblas, de la oscuridad. Y esa luz reflejada, manifestada a los pastores, primeros destinatarios  del anuncio gozoso por medio del ángel del nacimiento del Mesías de Dios, hoy día se nos expresa no sólo como la luz, sino también como la Palabra de Dios”, enfatizó. 

En ese contexto, destacó que Dios no es un enigma al que debemos dirigirnos con una especie de sombra o desconocimiento, sino que Dios es revelado por la Palabra, “Dios se nos comunica a través de su Hijo Jesucristo, el Señor. Y por eso nosotros confesamos que Cristo es la plenitud de la revelación de Dios, nuestro Padre, y eso para nosotros es muy significativo, porque ya no tenemos que esperar otras revelaciones, sino que sólo Jesucristo es el verbo de Dios, la Palabra de Dios que se ha hecho carne”.

Monseñor Bernardo aseveró que “hay una profunda comunión entre este pequeño Niño, que contemplábamos anoche en el portal de Belén, y la preexistencia del Verbo de Dios. Es decir, la Palabra de Dios, que Él ha pronunciado, se manifiesta entonces en Jesucristo el Señor. De allí brota para nosotros una gran gracia, que es poder acoger a Jesucristo como la Palabra de Dios eterna en nuestros corazones. Entonces, celebrar hoy la Misa de Navidad es acoger este continuo de Dios que se revela en la persona de Jesucristo”. 

¿Y después de Navidad qué?

El Administrador Diocesano de Concepción recordó que la Navidad se prolonga durante ocho días, con la Octava de navidad, y señaló que una gran pregunta que podemos hacernos es: ¿Y después de Navidad qué pasa?.

En ese sentido, comentó que “siempre existe la tentación de acotar el misterio de Dios sólo a las celebraciones, por ejemplo anoche celebrar la Misa de Nochebuena, comer con la familia, entregarnos algunos presentes y hoy la vida sigue. Pero gracias a Dios tenemos otra oportunidad para volver a centrarnos en Jesucristo y Navidad. Por eso la Palabra de Dios se nos está revelando siempre. De ahí que ¿después de Navidad qué? es una gran pregunta, pues es para nosotros la oportunidad de seguir acogiendo la revelación del Padre eterno en la persona de su Hijo Jesucristo. De allí brota la gracia sobre gracia”.

“Acoger la Palabra de Dios significa pedir al Señor el don de la fe, porque si bien celebramos en las eucaristías o en las celebraciones familiares el don de la fe, el nacimiento del Hijo de Dios, Navidad es todos los días. El Señor Jesús puede nacer todos los días en el seno de nuestras familias, en el seno de nuestra comunidad, en el seno de la sociedad. Navidad puede ser todos los días en la profunda contemplación de la Palabra de vida que se nos ha revelado, Navidad puede ser todos los días también cuando acogemos este misterio de la revelación de Dios en su Palabra y somos capaces de, por medio de la comunión y la comunicación, ser manifestadores de esta Palabra”, enfatizó. 

Monseñor Bernardo afirmó que “dentro de tantos mensajes, de tantas palabras que hoy pudiéramos encontrar en nuestro ambiente, hay sólo una y gran Palabra que nos trae la salvación y esa es la Palabra de Cristo, el Señor” e invitó a pedir a Dios la gracia de tener un corazón como el de la Virgen María, porque ella no sólo escuchó, sino que también acogió la Palabra de vida en su seno y en su corazón, fue la discípula creyente que acompañó la vida de la Palabra, la vida de Jesús y la testimonió con su propia existencia. 

“Pidamos al Señor y a la Santísima Virgen María ser verdaderamente acogedores de la Palabra de Dios, la única palabra que salva y que da sentido a la existencia humana”, puntualizó.

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