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Monseñor Bernardo Álvarez en Misa de la Cena del Señor: “Él se ha querido quedar presente con todos y cada uno de nosotros”

Publicado el: 7 Abril, 2023

El Obispo Auxiliar de Concepción y Vicario General, Monseñor Bernardo Álvarez, presidió la Misa de la Cena del Señor la tarde de este jueves 6 de abril en la Parroquia Del Sagrario de Concepción

En su homilía, Monseñor Bernardo afirmó que “reconocemos que es el mismo Señor, quien nos ha invitado día tras día a profundizar en estas dimensiones siempre tan recomendables, no sólo para el tiempo de Cuaresma, como es una mayor oración, también disponer espíritu a través de la penitencia y los actos de caridad fraterna, para así entrar en una gran comunión con Jesucristo, el Señor”. 

“Es por ese motivo que inauguramos este corazón del misterio cristiano, como es el Triduo Pascual. Ciertamente -podríamos decirlo así- un cuerpo sin corazón o también sin espíritu no es nada. Nosotros los cristianos sin prepararnos y sobre todo sin vivenciar en la fe y en el amor a Jesús, el Señor, en este misterio pascual, tampoco somos nada”, enfatizó.

Monseñor Bernardo señaló que “hemos escuchado esta hermosa lectura del Libro del Éxodo, que nos ayuda a entrar en profundidad, con la experiencia inicialmente del pueblo de Israel. Es decir, nuestra fe tiene esta raíz tan profunda de aquel pueblo elegido por Dios, especialmente a través de Abraham, Isaac, Jacob -los patriarcas-, pero sobre todo con la llamada de Moisés, aquel hombre elegido por Dios para liberar a su pueblo. Es así entonces como hoy queremos entrar en esa memoria histórica, la memoria histórica que vivió el pueblo de Israel y de la cual el mismo Señor Jesús fue partícipe. Jesús es el Cordero Pascual, aquella cena preparada y dispuesta como memorial del pueblo de Israel se hace plena realidad en Jesús, el Señor”.

En ese contexto, sostuvo que hoy nosotros “queremos hacer memoria histórica de la Historia de la Salvación, así como el Señor hizo historia con su pueblo Israel, hizo historia con su Hijo enviado a nuestro mundo, también en estos tiempos que nos toca vivir el Señor quiere hacer historia con el nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia y en ella cada uno de nosotros, porque sabemos bien que el Señor de igual modo hace Historia de la Salvación, con cada uno de nosotros (…) Por eso hoy día es oportuno dar gracias a Dios por sus obras, por su presencia, por su compañía, porque nos ha perdonado infinitamente y ha hecho misericordia con cada uno de nosotros. Él entonces hoy nos quiere renovar desde ya en la llamada a participar de este pueblo nuevo que quiere ser anunciador de Jesús y de su testimonio en el mundo en que hoy nos toca vivir”. 

Haciendo alusión a la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, aseveró que “hay tres dimensiones que siempre estamos llamados a cultivar y considerar cada vez que celebramos la Eucaristía”. 

“En primer lugar reconocer en la presencia de la Eucaristía al Señor Jesús, Eucaristía es presencia real. Recordemos siempre la promesa de Jesús: Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo. Esa promesa, que evidentemente se traduce en su presencia en la fe, evidentemente y de manera mayormente real es ese estar con nosotros en la Eucaristía. Cada vez que podemos nosotros celebrar los misterios sagrados, celebrar la Eucaristía agradecemos la promesa del Señor, porque Él se ha querido quedar presente con todos y cada uno de nosotros. Cuánto bien espiritual, pero también humano y social, podemos nosotros recibir a través de la vivencia de la Santa Eucaristía. Cada vez que participamos del Cuerpo y la Sangre de Jesús, pero de igual modo esa presencia real que se queda con nosotros en el Sagrario, en la adoración. Pensemos en la oportunidad que nos regala el Señor con nuestros templos abiertos para venir y estar con Él y saber que no es imaginación, no es poesía, sino que es realidad. Jesucristo se ha quedado con nosotros en su presencia real, Jesús está en la Eucaristía”, enfatizó. 

Otra dimensión fundamental del misterio cristiano de la Santa Eucaristía “es la dimensión pascual. Es decir, cada vez que celebramos la Santa Eucaristía, celebramos lo que estamos viviendo en estos tres días:  el misterio de su Pasión, Muerte y Resurrección. Es decir, entramos en una relación profunda con el misterio del amor del Señor. Celebramos su Pascua”. 

“Y, por último, una tercera dimensión -que a veces se nos olvida, pero que es fundamental y que tiene que ver con el querer de Jesús para quedarse con nosotros en la Eucaristía- es la dimensión escatológica: La Eucaristía es ya banquete y anticipo de la mesa del Cielo. Es decir, cada vez que podemos participar de la mesa de Jesús en la Eucaristía estamos, de algún modo, en la fe, pero también en la esperanza, viviendo esa mesa al fin de los tiempos”, señaló. 

El Obispo Auxiliar de Concepción recordó que “sabemos bien que viviendo cristianamente el don de la Eucaristía, del querer del Señor Jesús presente en el Santísimo Sacramento del Altar, brota una renovada fuerza en la vivencia del cristianismo. Y es ahí entonces cómo podemos descubrir en profundidad el texto del Evangelio de San Juan en el capítulo 13, donde se cumple la hora de Jesús, la hora de su plena manifestación”. 

“Y allí entonces se nos presenta el sacramento del amor. Jesús, quien es el verdadero Señor entre nosotros, se despoja de todo rango para ponerse al servicio y lavar los pies de sus apóstoles. Con ello nos dice claramente que desde el Misterio Pascual, renovado una y otra vez en la Santa Eucaristía, brota la verdadera fuerza del amor cristiano, que es siempre un amor nuevo, renovador y transformador no sólo de los cristianos, sino de igual modo de toda la sociedad”, destacó.  

Finalmente, Monseñor Bernardo reconoció que vivimos tiempos difíciles en nuestra Iglesia, en nuestro mundo y en nuestra sociedad chilena, y que “tristemente en este último mes hemos visto cómo la violencia se manifiesta con mayor fuerza”. 

En ese contexto, sostuvo que “una pregunta importante sería cómo poder nosotros transformar o quién puede transformar esta realidad adversa que nos toca vivir. Ciertamente los cristianos sabemos que la verdadera fuerza transformadora, tanto de la persona pero también de la sociedad, brota del misterio de Cristo muerto y resucitado”. 

“Pidamos al Señor, entonces, que como cristianos podamos dar vivo testimonio y ojalá transparente testimonio tanto de la vivencia del misterio cristiano a través de la celebración de los sacramentos, pero de igual modo desde esta fuente del amor de Dios también seamos capaces de ser sal y luz en nuestro mundo”, puntualizó. 

Luego de la Santa Misa, se realizó una procesión dentro del templo y luego la comunidad parroquial vivió un momento de oración y adoración al Santísimo Sacramento.

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