El pasado 14 de agosto, el obispo auxiliar de Concepción y vicario episcopal de Arauco, monseñor Oscar García, celebró 25 años de sacerdocio, los que “han sido maravillosos, aunque no exentos de dificultades”.
En ese sentido, comenta que ha vivido este tiempo “con mucha alegría y mucha libertad, sabiendo que, en definitiva, es la obra del Señor, es Él quien nos lleva adelante. Siempre he estado convencido de que si el Señor llama, Él concede la gracia y uno es simple instrumento, un pobre siervo”.
La vocación de monseñor Oscar García nació en el seno de su familia, en Uruguay, y reconoce que fue fundamental el testimonio de vida de un sacerdote, que fue despertando en su corazón el anhelo de entregar su vida al servicio del pueblo de Dios.
“Mi familia es gente de mucha fe, con mis hermanos íbamos a un colegio católico. Yo creo que todo eso fue cultivándose. Tenía más de veinte años cuando decidí dar el paso para entrar al seminario, justamente cuando falleció este sacerdote, cuyo testimonio siempre me impactó y agradeceré toda la vida. Ese día experimenté, en medio del dolor de su partida, porque yo lo apreciaba mucho, que él me decía que tomara el relevo: toma la mecha y sigue tú adelante”, relata.
Recuerda que su madre lo apoyó de inmediato, pero su padre le dijo: “pero para qué te vas a ir, por qué no te quedas acá con nosotros, yo pongo todo a tu nombre”. Pero él lo miró y le dijo: “Por más que me puedas dejar lo que me puedas dejar, yo no voy a ser feliz. Yo voy a ser feliz en el seminario”. Y así fue, estaba tan feliz preparándose para ser sacerdote, que su padre al verlo comenzó a cambiar su actitud. Después “siempre me apoyó, porque vio que realmente era lo que yo quería”.
Para monseñor García lo más lindo del sacerdocio es poder celebrar la Eucaristía y “saber que en el sacramento uno actúa in persona Christi. Siendo tan pobre y frágil, que Dios te haya elegido para esta misión tan alta, sin duda no hay palabras. Y yo lo trato de vivir y celebrar de la mejor manera posible”.
Asimismo, valora la oportunidad de compartir con la comunidad y agradece el hecho de que “siempre he sido muy apreciado (…) cuando tú vas a un lugar y la gente te aprecia es bonito. Lo más complejo sería que te cierren la puerta porque no te quieren ni ver”.
Y es que el padre Oscar es un hombre sencillo, de trato afable, siempre atento a los demás, dispuesto a servir y a regalar una sonrisa. Realmente un pastor con olor a oveja, lo que hace que sea muy querido por la comunidad y que, en momentos difíciles como la reciente partida de su madre, haya podido sentir el apoyo de las diversas personas que ha conocido a lo largo de su vida.
“Recibí mensajes de Italia, Nigeria, Francia, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay. Fue impresionante el afecto, el cariño de tanta gente (…) y cuando volví a Curanilahue, había personas de la comunidad esperando para saludarme (…) Uno se pregunta ¿qué hice? y no hice nada extraordinario, ha sido el Señor (…) yo sé que lo que tengo no es mío, sino que es don de Dios, regalo de Él”, asegura.
A quienes sienten el llamado a la vida religiosa o sacerdotal, monseñor Oscar los anima a “con todo el corazón a que no tengan miedo” y que lo presenten “ante el Señor, frente al Sagrario, y en el silencio escuchen la voz de Dios. Luego, que busquen a un sacerdote, un consagrado o consagrada o incluso un laico que pueda darles luces. Y después, buscar a aquellas personas que realmente están para acompañar y formar”.
Además recalca que “siempre he dicho y lo sigo sosteniendo, porque es mi experiencia, que cuando el Señor asegura que quien deje casa, padre y madre por su causa recibirá el ciento por uno, yo digo ¿ciento por uno? ¡Muchísimo más que el ciento por uno! Muchísimo más”.
“Los animo a que no tengan miedo y se entreguen con generosidad. Sin lugar a dudas Dios allana el camino, pues cuando da una vocación, además da la gracia de vivir esa vocación”, enfatiza. No obstante, advierte que “esto también depende de uno, porque Dios puede estar dándote la gracia, depende de uno dar el paso, buscar ser fiel y alimentar esa vocación”.
Finalmente, llama a “que pongan la mano en el arado y sigan adelante, porque el Señor bendice extraordinariamente la vocación, sea a la vida sacerdotal, religiosa o al matrimonio”.
Fuente: Revista Nuestra Iglesia