Con un corazón alegre y lleno de agradecimiento, el Padre Gilberto Matuz celebró su primer aniversario sacerdotal el sábado 8 de enero junto a su comunidad de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Cañete y Tirúa.
Además, su madre, su hermano y un sobrino viajaron desde el sur para acompañarlo en esa fecha especial.
El Padre Gilberto fue ordenado sacerdote en Concepción, en medio de la pandemia de covid-19 y está feliz de este tiempo de gracia que el Señor le ha regalado y de poder servir a la Iglesia.
Se encuentra sirviendo en la zona de la provincia de Arauco desde hace cuatro años y está muy “agradecido del Pueblo de Dios, de sus oraciones, de su compañía, de su cercanía, de su esfuerzo cotidiano por ir enseñándole a uno por donde Dios va hablando”.
El Padre Gilberto expresó que se siente como un niño, ya que está dando recién sus primeros pasos, y agregó que está muy contento y agradecido de Dios y de la Virgen, “porque me acompañan y me cuidan en esta tarea que el Señor me ha pedido”.
Además, manifestó su deseo de “seguir sirviendo a la gente con la misma alegría que el Señor me ha ido regalando, quiero hacerlo con sencillez, humildad y le pido a Dios siempre que custodie mi corazón”.
El Padre Gilberto dijo que se acoge a las oraciones de quienes lo conocen y acompañan y envió un saludo fraterno y cordial a la comunidad parroquial de Nuestra Señora del Carmen de Cañete y Tirúa, donde a partir de este sábado 15 de enero asumirá como párroco, y a las personas que viven en el campo y a las comunidades indígenas, precisando que él pertenece a una de ellas -aunque más al sur-, “también soy campesino, soy mapuche”.
Finalmente, el sacerdote pidió al Señor que lo siga acompañando en esta tarea que le ha encomendado y afirmó que está “feliz de estar en esta tierra, acompañando los gozos y esperanzas y también los dolores del Pueblo de Dios”.