En un ambiente de profunda gratitud y alegría pascual, la Parroquia Universitaria celebró su 60° aniversario con una Eucaristía presidida por el Arzobispo de Concepción, Mons. Sergio Pérez de Arce SS.CC., y concelebrada por el párroco, Pbro. Víctor Álvarez, junto al Pbro. Ricardo Valencia.
La celebración reunió a autoridades académicas, ex integrantes de la comunidad y numerosos jóvenes que hoy animan la vida parroquial. Antes de iniciar la misa, se recordó con especial gratitud la figura del Padre Pedro Azócar, primer párroco, quien asumió hace seis décadas el desafío de dar inicio a esta comunidad, marcando un camino que hoy continúa dando frutos.
En su homilía, el Arzobispo expresó su alegría que la Parroquia Universitaria representa de manera concreta lo que debe ser la Iglesia hoy: “una comunidad testimonial en medio del mundo universitario”, llamada no a encerrarse en sí misma, sino a anunciar el Evangelio en diálogo con la cultura y la realidad contemporánea.
Asimismo, recordó que, desde sus orígenes, esta comunidad ha estado inserta en un contexto desafiante, donde no siempre ha sido fácil hacer presente la fe. Sin embargo, destacó que precisamente allí radica su misión: “estar en el mundo universitario con la fuerza del Evangelio”, no solo convocando a los jóvenes, sino impulsándolos a transformar la realidad desde la fe.
El Arzobispo valoró también la riqueza de esta parroquia como espacio de comunión eclesial, donde han confluido distintas espiritualidades, congregaciones y laicos a lo largo del tiempo, reflejando una Iglesia diversa que, desde sus distintas sensibilidades, se hace presente en el mundo.
A partir del Evangelio de los discípulos de Emaús, invitó a renovar la vida comunitaria poniendo a Cristo en el centro, recordando que “Jesús camina con nosotros, aunque muchas veces nos cueste reconocerlo”, especialmente en medio de situaciones de desaliento o incertidumbre.
En este sentido, destacó tres elementos fundamentales para la vida cristiana: recuperar la actitud de discípulos que escuchan al Señor, aprender a leer la realidad a la luz del misterio pascual y reconocer a Cristo en la Eucaristía, lugar privilegiado de encuentro con el Resucitado.
Finalmente, recordó que el camino de los discípulos no termina en el desaliento, sino en el retorno a la comunidad y en el envío misionero. “No se quedan encerrados, vuelven a Jerusalén, se reintegran y se hacen misioneros”, afirmó, animando a la comunidad a continuar su misión con esperanza.
Durante la presentación de ofrendas, se expresaron signos concretos de la vida de la parroquia: el libro de actas, memoria viva de su historia; una cruz adornada por los jóvenes, signo de vida nueva; un canasto de alimentos, reflejo del servicio solidario del comedor universitario; y el pan y el vino, presentados por un matrimonio joven cuya historia nació en esta comunidad.
Al concluir la Eucaristía, la comunidad compartió un momento fraterno para celebrar estos 60 años de historia, renovando su compromiso de seguir siendo una Iglesia viva y misionera en el mundo universitario.