Pilar Durán es la Coordinadora del Albergue Padre Jesús Balmaseda y encargada de la Caridad de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen de Talcahuano, una comunidad de la que, además del albergue, dependen tres capillas: Nuestra Señora del Mar, ubicada en el Cerro La Gloria; María Reina, que está en el sector Los Lobos y Nuestra Señora del Rosario de Pompeya, que queda en el Cerro Zaror.
Tenía ocho años cuando su familia dejó la Isla Santa María para vivir en Talcahuano. Cuando llegaron, lo primero que hicieron sus padres fue inscribirla en la parroquia para que se preparara para la Primera Comunión, luego la matricularon en el colegio. “Ese deseo de mis papás me marcó profundamente: que yo primero tuviera una relación con Dios y que de ahí partiera todo lo demás. Hoy día entiendo este gesto y es una maravilla”, relata.
Al conocer la parroquia encontró “un mundo de posibilidades” y fue ahí dónde descubrió su vocación de servicio. Sabe que fuera de la Iglesia podría hacer muchas acciones solidarias, pero afirma que “si no están ligadas a mi relación con Dios y la Santísima Virgen, no tienen sentido. No les encuentro el verdadero sentido”.