“Ser libre en pandemia”

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Publicado el: 25 mayo, 2021

La enfermedad del Covid-19, con la cruda dureza de sus múltiples manifestaciones – todas vinculadas a destrucción, muerte y sufrimiento – se impone ante los sentidos, sin poder ignorarla o pretender negarla como si fuera producto de una invención. Sin embargo, esta realidad, podría dar paso a un aspecto positivo, como es reflexionar a partir del comportamiento propio y de los demás. Impacta oír diariamente que tantas personas actúan como si vivieran en otro mundo donde el virus SARS-CoV-2 no existiera.

 La razón 

La razón, es la facultad propia y exclusiva del hombre, que le permite pensar, reflexionar, y emitir un juicio respecto de la conveniencia o no de una cosa o situación. Por medio de ella, el hombre puede evaluar la realidad y descubrir la verdad en relación a los hechos, para luego tomar decisiones en orden a alcanzar un fin determinado, que para efecto del relato en tiempo de pandemia es el bien de la vida y la salud, propia y de los demás. 

Además, por medio de esta facultad podrá analizar los actos o acciones que le permitirán alcanzar el fin deseado, las que han demostrado ser efectivas y que de no practicarlas, pone en riesgo el bien al que aspira. En este caso, las acciones concretas y por todos conocidas, y que además están al alcance de la inmensa mayoría, son mantener la distancia física, lavar las manos frecuentemente y usar mascarilla. Una vez que la persona detecta el bien, que en el contexto, como se ha dicho, es la vida humana y la salud, la quiere preservar para sí y para los que ama, como también para el resto de la comunidad, porque juzga que vivir y estar sano es un don maravilloso, que vale la pena cuidar, por lo que nace en él, el deber de realizar las acciones mencionadas, sin las cuales, pone en riesgo la preservación de este bien fundamental. 

La libertad            

La libertad se encuentra vinculada inseparablemente a la razón y a la verdad. Libertad y razón son facultades intrínsecamente humanas, por lo que referirse a una persona, es referirse a un ser libre y racional. Pero, ¿qué que es la libertad? Es común relacionarla con la ausencia de condicionamientos externos que en el contexto sería la ausencia de prohibiciones como el confinamiento, aspecto que corresponde a una mirada parcial y pobre del concepto. También se la vincula con el acto de  elegir, en cuanto a hacer o dejar de hacer esto o aquello. Pero, para acercarse a una mayor comprensión del alcance moral del término, la libertad se sitúa el acto de optar, entre: lo bueno que representa usar las medidas de autoprotección para preservar la salud y la vida, o lo malo que correspondería dejar de usarlas voluntariamente exponiendo los bienes ya mencionados, eligiendo lo bueno. Pero, además, el hombre libre tiene el deber de optar por las acciones que propenden al bien.

 Dicho de otro modo, el hombre libre, al tener la posibilidad de optar, elige por ejemplo,  no acudir a una fiesta clandestina o cumplir con las medidas de protección básica reconocidas como eficaces en la prevención de la enfermedad. 

Entonces, lo relevante es preguntarse ¿de qué sirve al hombre, ser libre?

La libertad permite que el hombre se auto determine moralmente, es decir que elija si quiere o no ser una persona buena o mala, según sea la cualidad de los actos libremente elegidos. El hombre experimenta paz y felicidad cuando actúa conforme al bien. Además, el bien tiene un efecto difusivo, una vez que se experimenta el bien, el anhelo del ser humano es compartirlo con otros de su comunidad.

Entonces, cabe preguntarse ¿qué hace que la persona no se detenga ante acciones contrarias al bien? es que acaso, ¿está fallando el razonamiento al juzgar la realidad? o juzgándola adecuadamente, ¿decide jugar a la ruleta rusa? Puede ser que haya atenuantes y que reduzcan la responsabilidad ante sus actos, como la ignorancia, la falta de reflexión o la escasa percepción del daño, pero ninguna de ellas borrará el mal, representado por la enfermedad, la muerte y el sufrimiento. Ser consciente de un daño infligido al otro, pudiendo haberlo evitado, generará probablemente dolor y tristeza en el alma.

Para concluir, otra verdad que se impone por sí misma, es la naturaleza social – relacional del hombre, que reconoce que la felicidad no se alcanza aislándose de los demás, sino que aun cuando mantenga la distancia física respecto de ellos, permanece unido en el espíritu, por lo que sufre ante sus padecimientos y se alegra ante sus logros. Es una oportunidad que, pese a las restricciones impuestas por la autoridad sanitaria que pueden ser difíciles de aceptar, vale la pena acatarlas por un bien superior, para ser mejor persona, más humana… valorando y cuidando la propia vida  y la del otro, como un gran don. Porque eres libre, puedes elegir amar.  

Carmen Gloria Fraile Duvicq
Enfermera – Académica
Facultad de Estudios Teológicos y Filosofía UCSC. 

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