Solemnidad de la Inmaculada Concepción: Con alegría se celebró la Misa de Clausura en el Cerro La Virgen

Publicado el: 11 Diciembre, 2023

Miles de fieles llegaron hasta el Santuario Cerro La Virgen para participar en las misas que se celebraron durante este viernes 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada Concepción.

La jornada comenzó con la Eucaristía de las 06:30 horas y culminó con la Misa de Clausura de la solemnidad, celebrada luego de la tradicional procesión con la imagen de la Santísima Virgen, que comenzó pasadas las 17:30 horas desde la Plaza San Juan Bosco, y que fue acompañada por miembros del movimiento Encuentro de Padres en el Espíritu (EPE) del Colegio Salesiano. Mientras la agrupación Guerreros de la Fe, animaba a los fieles que ya se encontraban en el santuario.

Fue así que la última Eucaristía del día se inició cerca de las 18:00 horas y fue presidida por el Obispo Auxiliar de Concepción y Vicario General, Monseñor Bernardo Álvarez, junto al Obispo Auxiliar de Concepción y Vicario Episcopal de Arauco, Monseñor Oscar García.

En su homilía, Monseñor Bernardo afirmó que “subir al Cerro La Virgen está en el ADN de quienes hemos conocido a Dios, a través de Dios hemos conocido a la Santísima Virgen María y hemos conocido el don maravilloso de la fe, poder creer”.

“Sabemos bien que venir al Cerro La Virgen es una oportunidad absoluta para renovar la fe y renovando la fe también renovamos la vida. Ojalá nunca nos olvidemos de eso, porque la fe no es un apartado de la existencia nuestra cristiana, sino que la fe es el fundamento de la vida. La vida, para el creyente, se fundamenta en la experiencia, profunda, verdadera, real, alegre y esperanzadora del encuentro con Jesucristo. Y por eso venimos aquí, porque somos movidos, alentados, por el don de la fe. Y, en ese sentido, nos llenamos de emoción y de alegría, de poder vivir esta renovación una vez más y este reencuentro”, enfatizó.

Haciendo alusión al Evangelio, tomado de San Lucas 1, 26-38, aseveró que las primeras palabras del ángel “resuenan y hacen eco en lo más profundo de nuestro ser y nuestro corazón, porque el mensaje de Dios, dirigido a María, comienza con alégrate. Hoy día Dios, el ángel, Jesucristo el Señor y también la Virgen María nos quieren decir: alégrense.

En ese contexto, señaló que “sin duda podría haber una lista tremendamente grande de desgracias, de situaciones difíciles, de crisis, de pesimismo e incluso de desesperanza. Pero nunca debemos olvidar que Dios es más grande que todo. Por eso, hoy día, en este momento de reencuentro, realmente queremos abrir nuestros oídos y nuestro corazón para hacer ese acto profundo de fe, que de algún modo nos pide una vez más Dios, a través de su ángel, en la imagen de la Santísima Virgen María, nuestra Madre: alégrate. También hoy día a nosotros nos dice: alégrense”. 

Refiriéndose al dogma de la Inmaculada Concepción, Monseñor Bernardo dijo que si bien fue declarado por la Iglesia en el siglo XIX, “fue vivido desde siempre, la Virgen desde siempre es reconocida como aquella con un corazón limpio, abierto, dispuesto y disponible, justamente para la gracia de Dios, porque la gran gracia de Dios es nuestro Señor Jesucristo”.

“Hoy día queremos contemplar a nuestra Madre y, en esa mirada esperanzadora, darnos cuenta de que Dios es grande y que ha hecho obras grandes en María. Y junto con ella también quiere hacer obras grandes en todos y cada uno de nosotros, que somos la Iglesia, porque la Iglesia también comparte -desde sus situaciones de pobreza y de grandeza, de gracia y de pecado- la dimensión de la gracia. La gracia de Dios también está en la Iglesia. ¡Qué alegría, entonces, estamos llamados a vivir, contemplar y recibir!”, enfatizó.

Monseñor Bernardo Álvarez destacó que celebrar el misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen María es poder proclamar también con ella las grandezas del Señor: “Estoy cierto que al peregrinar, al subir hasta este cerro, cada uno de nosotros no sólo venimos para pedir gracias, para pedir favores frente a nuestras necesidades, sino que también para ser agradecidos, porque en la historia de nuestra existencia hay manifestación de Dios, hay manifestación de su bondad, de su misericordia, de su amor”.

Asimismo, animó a “renovar la esperanza, no sólo en Dios y en esa alegría y en esa gracia que nos quiere compartir, sino también renovar la esperanza en cada uno de nosotros, porque así se transforma el mundo. Estamos llamados a renovar nuestras confianzas, a poder esperar lo mejor de quien tenemos a nuestro lado, más allá de situaciones dolorosas, más allá de decepciones grandes, Dios puede hacer obras grandes a través de nuestros hermanos y hermanas. Por eso les invitaría, junto a Monseñor Oscar García, como obispos auxiliares de Concepción, a renovar no sólo la fe en Dios, sino también a renovar la fe y la esperanza en la humanidad redimida por Cristo. Nos necesitamos mutuamente”.

“La experiencia no tan lejana de la pandemia no nos puede nuevamente llevar a tener un corazón duro (…) nos necesitamos todos y cada uno de nosotros. Si queremos tener un mundo nuevo, un mundo que proclame las grandezas del Señor, ciertamente la fuerza principal y la gracia brota del misterio redentor de Jesucristo, pero también brota desde ese mismo misterio y ministerio de una confianza renovada, de una fraternidad renovada entre todos nosotros. Ojalá al poder subir a este cerro y hacer una vez más este hermoso acto de fe renovador, podamos además de subir, bajar con un corazón nuevo”, agregó. 

En ese contexto, llamó a los presentes a no iniciar la semana igual que siempre, “no la empecemos con pesimismos, con nuestras miradas estrechas. Pensemos  y dejémonos iluminar por la acción de Dios en María. Ciertamente lo puede hacer en cada uno de nosotros. Estamos viviendo este tiempo de Adviento y Adviento también coincide, de algún modo, con el misterio que hoy celebramos, un tiempo que nos invita a renovar la esperanza en Dios. Con la corona que vamos encendiendo semana a semana, queremos que la luz de Cristo pueda iluminar las oscuridades del corazón humano, Pero, sinceramente, les repito: trabajemos por una humanidad nueva, trabajemos por una renovada esperanza. Dios, misteriosamente, se vale de nosotros, así como -sin duda, con mucha distancia- con el sí de María”.

“Frente a la pregunta del ángel, frente al proyecto que el ángel le presenta a la Virgen, la Virgen nos demuestra esa absoluta confianza con su fiat. Hoy día Dios necesita de todos y cada uno de nosotros, de nuestro propio fiat. Es decir, que se haga en nosotros según el proyecto del plan salvador de Dios”, enfatizó.

Finalmente, invitó a “poner en el corazón de María y en el corazón de Jesús a nuestros hermanos y hermanas que sufren. Que la Inmaculada Concepción acoja toda nuestra vida, todas nuestras necesidades, de manera especial una oración por nuestro Chile para crecer en confianza, en fraternidad y que la luz del Evangelio pueda iluminar todos nuestros corazones”, puntualizó.

Entre las personas que peregrinaron hasta el Cerro La Virgen se encontraba Ingrid Lavanderos, quien comentó que lleva muchos años viniendo al santuario y para ella significa “renovar la fe y una oportunidad para agradecer”. Asimismo, Pedro Gallardo llegó hasta el santuario para “agradecer a Dios por todas las bendiciones que hemos recibido” y pedir por la salud de su nieta.

Por su parte, Oziel López relató que durante años peregrinaba junto a su esposa, quien falleció el año pasado, por lo que en esta ocasión acudió solo para pedirle a la Virgen y a Jesús que “me ayuden, porque he estado muy solo (…) Esto me hace pensar de otra manera y llego a mi hogar más aliviado del peso que tengo, porque es una herida que cuesta curarla. Creo que con la ayuda de Dios y la Virgen voy a salir adelante”.

En tanto, Mirta Díaz comentó que “soy muy creyente y vengo todos los años con mi marido”, pero en esta ocasión tuvo problemas de salud, así que pidió ayuda a la Virgen para poder asistir: “¡Y llegué hasta acá! Ella me escuchó y me dio la fuerza para llegar”.

 

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