EL BIENESTAR EMOCIONAL Y LA SALUD MENTAL DE LA INFANCIA EN CHILE SE ENCUENTRA EN RIESGO

Con ocasión del Dia del Niño, tan ampliamente difundido y celebrado en Chile, y aún en contexto de pandemia, he dedicado esta editorial, a una realidad que vive la infancia en Chile, la compleja situación en salud mental y bienestar emocional.

No es novedad que la población chilena, presenta cifras preocupantes en salud mental, han aumentado las consultas a especialistas, licencias médicas por cuadros de estrés, ansiedad, irritabilidad, todo lo que se traduce en la afectación de la adaptabilidad de las personas a los cambios, los contextos y a las relaciones interpersonales; aumentando la dificultad de resolver conflictos, normalizando la violencia o agresión, como modo de hacerlo. La pandemia por Covid 19, ha profundizado esta realidad, ya algunos estudios y opinión de expertos, advierten que más allá de las consecuencias económicas y sociales de ésta, que son un foco de preocupación para todos, la consecuencia que impactará por mucho tiempo a la población chilena es el deterioro profundo en su salud mental.

La situación de los niños en esta área, no ha sido sincerada del todo, aunque ya existen estudios que alertan una emergencia en su salud mental y bienestar emocional, aspecto que antes de la pandemia presentaba preocupación, hoy luego del confinamiento y del estrés que viven los escolares y sus familias, la herida se abre profusamente. No obstante, aún no se toma conciencia, siendo una realidad invisibilizada, que no se encuentra abordada suficientemente en ninguna política de salud, de infancia o de educación. Me atrevo a decir que en los ambientes familiares y comunitarios, es una realidad que no se asume con la fuerza que se requiere, manifestándose de manera transversal en las diversas realidades socioeconómicas. Y es que en una sociedad adulto céntrica, las necesidades de los niños y adolescentes, siguen pendientes.

Entre las causas de la salud mental tan fragilizada en los niños antes de la pandemia, se encuentra la soledad, por las largas y extenuantes jornadas laborales de sus padres o cuidadores, por un sistema educativo rígido, centrado en indicadores cuantitativos, largas jornadas de estudio, y excluyente en el sentido que va descartando a aquellos que presentan dificultades en el aprendizaje o adaptabilidad, produciendo en los niños, miedo, tristeza, inseguridad, afectando áreas sensibles para su desarrollo . En estas condiciones, ¿quién se hace cargo de cuidar a los niños en este aspecto?, ¿quién asume el acompañamiento y les otorga la asistencia especializada?, ¿qué institución está proponiendo estrategias de prevención?. La respuesta es vaga, no tenemos esos mecanismos de acceso universal, y una vez más, la brecha socioeconómica es la determinante.

Recientemente, se ha presentado el resultado de una consulta realizada por una universidad nacional a 5000 padres, respecto del impacto de las cuarentenas en preescolares y escolares, y la respuesta recurrente es que los niños están tristes, desmotivados, con dificultades para cumplir con las exigencias escolares, además de presentar cuadros de estrés e irritabilidad, no solo por tales exigencias, sino porque los efectos de la pandemia en la vida de sus familias han sido significativos. Son datos preocupantes, que expresan que los niños en Chile, lo están pasando mal, y que, de no ocuparnos, la huella será profunda en las nuevas generaciones.

Se trata por lo tanto de tomar conciencia de esta herida, que la pandemia ha aumentado, de conversar el tema en los diferentes ambientes, como la familia, la escuela, el barrio, en estar atentos a las diferentes actitudes y comportamientos de los niños, a cambiar la mirada respecto de la salud mental, y entender que es un problema real, que requiere de abordaje especializado, y que no hacerse cargo, puede tener consecuencias graves en la vida de los niños y adolescentes. Asimismo, la prevención es posible, a través de la revisión de diversos aspectos como, las pautas de crianza, las condiciones y exigencias a las que están sometidos los niños, el trato que les estamos dando, los criterios con los que reciben formación, entre tantos otros aspectos.

Hoy es la hora, para que la generación adulta que lidera los procesos de transformación que se espera para una vida mas digna para todos, con mayor equidad, justicia y fraternidad, sea capaz de poner el bienestar de la infancia, no solo material, sino emocional y de salud mental, en el centro de la discusión. El mejor servicio que esta generación puede hacer a las nuevas generaciones es pasar de los diagnósticos a las acciones reales, a avanzar en la cultura del cuidado de la persona, en primer lugar, a generar los mecanismos, recursos y red de apoyo, para que los niños, niñas y adolescentes y sus familias, sientan la cercanía y preocupación de toda una comunidad.

Tenemos una gran tarea por delante, para seguir cuidando y protegiendo a la infancia en Chile, favoreciendo las mejores condiciones, para su desarrollo integral, en ambientes y vínculos sanos y equilibrados, y en donde se sientan aceptados, respetados en su dignidad, en definitiva, amados.

 

Gabriela Gutiérrez Holtmann
Delegada Episcopal para la Vicaría de Pastoral Social

 

Publicado el: 9 agosto, 2021