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¿La Creación nos maltrata o nosotros la maltratamos?


Ha sido impactante ver en estos días lo acontecido en Nepal: una enorme masa de lodo descendiendo desde las montañas al valle, arrasando todo a su paso y dejando cientos de muertos y desaparecidos. Esto se suma a eventos recurrentes donde la naturaleza muestra su fuerza devastadora: lluvias torrenciales que desbordan ríos e inundan poblaciones, altas temperaturas que crean condiciones para grandes incendios, vientos huracanados y altas marejadas que causan gran daño, terremotos muy destructivos, etc. Son fenómenos climáticos y naturales donde podríamos decir que la tierra nos maltrata y nos recuerda lo frágiles que somos.

Algunos ven en estos hechos un cierto desquite de la tierra, como si ella fuera una persona que razona y decide vengarse por el daño que se le hace. Ante esto, hay que decir que la tierra no es una entidad consciente, pero sí un conjunto de ecosistemas donde interactúan seres vivos con su entorno, los cuales están interconectados, de manera que lo que sucede en uno repercute en los otros. Por tanto, la tierra no es solo un recurso o una mercancía a explotar. Desde la fe, la comprendemos como creatura, hecha por la mano de Dios y entregada al cuidado del ser humano. Por eso la llamamos “hermana”, porque comparte con nosotros un mismo origen divino y un Padre común.

El problema es que a esta hermana la dañamos por la irresponsabilidad y el abuso del ser humano: “Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla” (Laudato si’, 2). Nuestros modelos de desarrollo han resultado incapaces de garantizar el respeto por el medio ambiente, y cada uno de nosotros contribuye de diversas formas a su deterioro.

En este contexto, es importante lo que sucederá el próximo 1 de septiembre: el Papa León XIV celebrará por primera vez la “Misa por el Cuidado de la Creación”, que ha sido incorporada en el Misal Romano entre las “Misas para diversas necesidades”. Coincide con que ese día se celebra en la Iglesia la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, para que renovemos desde la fe el compromiso del cuidado de la tierra mediante la oración, la conversión y gestos concretos de cuidado.

En su mensaje para la XI Jornada Mundial, el pasado 15 de agosto, el Papa León ha recordado la gran destrucción social y ecológica que dejan las guerras y que perdura por generaciones. Ha dicho que la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales (aire, agua) y merman la seguridad de los alimentos, lo que genera más pobreza y desigualdad. Es un fracaso político, moral y espiritual del corazón humano, que nos exige conversión personal y social. Es un llamado —dice el Papa— a cuidar los múltiples ecosistemas que nos han sido confiados: los de la creación, los de las relaciones humanas y los del propio corazón humano.

Oremos al Señor con las palabras del Papa Francisco en Laudato si’: “Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores, para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción. Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra (…) Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz”.

Sergio Pérez de Arce A.
Arzobispo de Concepción

Publicado el: 29 Agosto, 2026
© Arzobispado de Concepción