Énfasis pastorales para este 2021

Las incertidumbres vividas el año pasado pueden llevarnos a estar más pendientes de lo que sucederá que de lo que podemos y debemos hacer; es decir, ante la incertidumbre tendemos a mirar el presente y el futuro como realidades que dependen de situaciones externas a nosotros, reduciendo nuestra capacidad de respuesta ante los desafíos y la necesaria iniciativa que es capaz de transformar lo posible en real. Esta situación se expresa habitualmente con la pregunta “¿qué nos depara este 2021?”. Los cristianos – erróneamente – también podemos preguntarnos algo semejante respecto de la misión evangelizadora de la Iglesia; si entendemos la evangelización como algo que depende más de las circunstancias que del mandato de Jesús y de la fuerza del Espíritu Santo, nos preguntaríamos “¿cuándo podremos volver a la tarea evangelizadora?, ¿será a mediados o fines de este 2021?”. Pero los miembros de la Iglesia estamos invitados a preguntarnos más bien “¿qué quiere Jesús que suceda este 2021?”. La respuesta a esta última pregunta ha motivado la propuesta de la Iglesia de Concepción para establecer énfasis pastorales para este año.

No se trata, entonces, de esperar que suceda algo (bueno o malo) para poder evangelizar. Se trata más bien de evangelizar lo bueno y lo malo ya presente en nuestro mundo, lo bueno y lo malo presente en la vida concreta de las personas, para que ello sea experiencia de salvación, una ruta de esperanza que se abre a la vida eterna. Cristo hizo ese mismo camino y no esperó a que ‘mejoraran’ las condiciones para anunciar el Evangelio, sino que nos invitó a que cambiáramos de mentalidad para acoger el Evangelio que viene a nosotros en condiciones especiales (condiciones aparentemente más desfavorables a nuestros ojos en algunos momentos de nuestra historia).

A imitación de Cristo y acogiendo la constante llamada de la Iglesia (insistente en los últimos años a través de Aparecida, el VII Sínodo Diocesano y Fratelli Tutti), la Iglesia de la Santísima Concepción nos invita a desarrollar actitudes pastorales permanentes, que sean el sello distintivo en medio de nuestra sociedad herida y afectada por tantos sufrimientos pasados y presentes. La propuesta es que nos distingamos por una renovada vivencia del discipulado misionero a través de la práctica permanente de la fraternidad al interior de la propia comunidad cristiana, al modo de las primeras comunidades; que nos distingamos también por una renovada vivencia del discipulado misionero a través de la práctica permanente de la fraternidad universal, sirviendo y colaborando humildemente con todos quienes hacen el bien; que nos distingamos, finalmente, por una renovada vivencia del discipulado misionero a través de la práctica permanente de salir al encuentro de los demás con la Buena Noticia del Señor Jesús, con realismo y sencillez de corazón.

Desarrollando estas actitudes permanentes, podremos actuar decididamente como una Iglesia con hondura espiritual que fomenta la oración y la formación que es el soporte de nuestra vida espiritual, como una Iglesia fraterna que cuida la comunidad y fortalece el buen trato que es expresión genuina de nuestra unidad en Cristo, como una Iglesia samaritana que acrecienta la misericordia y el servicio, signo visible que el amor de Dios habita en nuestros corazones.

No tengamos miedo, el Señor nos envía, Él es nuestra fuerza.

P. Mauricio Aguayo Quezada
Vicario para la Pastoral
Iglesia de Concepción

Publicado el: 8 marzo, 2021