La pregunta de la vida

La gran pregunta de Jesús a sus discípulos que hoy meditamos en la Santa Misa (Mt 16, 13 ss.) ¿Quién dice la gente que soy yo? ¿Y ustedes (y tu) quien dicen que soy?

Le llamo, “La pregunta de la vida”. Es aquello que no podemos dejar de responder, aunque pasemos años buscando respuestas a este interrogatorio. Responderla significara simplemente “haber madurado en la fe”

Hoy quiero insistir en esto, “madurar en la fe de la respuesta” más que en las respuestas de fe que podemos decir siempre, aun las más exactas en términos de palabras, nunca van a ser más que aproximaciones. Lo que en verdad cuenta es como vivimos, como vivo, la fe. Se trata, por lo tanto, y aquí es donde se presentan las dificultades (para todos), de decir – Quién es Jesús – Pero decirlo con la propia vida, es decir hasta qué punto sus valores, se van convirtiendo en nuestros propios valores. Hasta qué punto esta adhesión a EL se hace patente, por ejemplo, cuando tenemos que perdonar, cuando hay que comprender al otro, cuando la exigencia es compartir lo poco o mucho que tengamos, cuando debemos apelar a la disponibilidad para estar cerca del otro que sufre, y lo hacemos; en definitiva, cuando tenemos que amar. En esto se centra el desafío de responder a esta pregunta ¿Y ustedes quien dicen que yo soy?

En el texto Pedro, lo proclama Mesías, al responder esta pregunta tan importante. Pero la respuesta deja aun el ‘sabor’ de que algo no está bien, de que el “mesianismo” de Pedro y los discípulos no es el de Jesús, es una construcción de fe no verdadera, que roza la incredulidad. Se busca en Jesús tantas veces el éxito, el triunfo humano, gestos espectaculares, los poderes divinos que no se ven

Mientras tanto Jesús es consciente de caminar hacia el fracaso humano de la muerte en la cruz. Este tema del “triunfo y del fracaso” sigue siendo tema vigente entre los cristianos, tantas veces ávidos de grandezas. Y el criterio de Dios es tan distinto a nuestros criterios, EL elabora desde dentro su crecimiento en pos a la misión, en la oración con El Padre, en el silencio, en el recogimiento, en mirar la vida ya vivida y la realidad asumida desde la “actitud” del orante …

Los discípulos ‘captan algo’ (como nosotros) de la Misión de Jesús, sin duda, pero no acaban de entender, no han rezado, no han encontrado “el criterio de Dios” que Jesús ha encontrado, tan opuesto, tan distinto, a los criterios humanos…

Comenzar a responder la pregunta de la vida. Quizá sea una buena iniciativa para tomar conciencia que la vida cristiana es una adhesión interior a los criterios de Dios, que esta respuesta no depende de conocer, o de aprender una lección, esta respuesta se manifiesta con la vida, esta respuesta es siempre un testimonio claro y evidente de un Dios vivo y actuante en el corazón de un creyente

 

Pbro. José Luis Roldán Solís
Vicario Episcopal de Arauco
Iglesia de Concepción – Chile

Publicado el: 24 agosto, 2020