prevencion
donar

Una justicia que dé esperanza


La frase del título es de Paula Cáceres, viuda de Dimitri Weiler, el ciudadano francés asesinado en Chicureo la madrugada del 28 de febrero pasado, cuando unos delincuentes entraron a robar a su casa. La banda criminal estaba formada por cinco personas, tres de ellas menores de edad.

Muy cierto lo expresado por Paula ante tan terrible y doloroso acontecimiento: “Necesitamos una justicia que dé esperanza a este país”. La esperanza no está dada, obviamente, porque sea posible reparar todo el daño causado o eliminar el inmenso dolor de perder violentamente a un ser querido, pero sí necesitamos tener la certeza de que quienes cometen un crimen recibirán un castigo justo y proporcionado al mal hecho. Y también necesitamos saber que, como sociedad, podemos vivir protegidos de quienes optan por el delito y la violencia, atentando contra la seguridad y la vida de sus hermanos. Como también dijo Paula, se trata incluso de algo tan básico y sencillo como saber que podemos dormir tranquilos en nuestro propio hogar.

Por eso es tan importante que las autoridades, las policías y el sistema judicial se aboquen con gran energía a enfrentar los retos de la seguridad y hagan un trabajo eficaz para proteger la vida de los inocentes, expuestos a peligros que, penosamente, se han hecho más frecuentes.

Pero para que la justicia dé más esperanza a nuestro país, no basta la mera acción policial o punitiva, por indispensable que sea. Se necesita también una acción decidida en favor de la rehabilitación y reinserción social de los delincuentes. Es una tarea cada vez más difícil, dada la complejidad del mundo del crimen y la dificultad de quienes delinquen para liberarse de su influencia. Sin embargo, no podemos renunciar a este desafío, más aún si los que delinquen son jóvenes e incluso niños. Aunque no se pueda eximir de toda responsabilidad a los adolescentes que cometen delitos, es evidente que ellos no son solo actores del mundo del crimen, sino también sus víctimas, pues a menudo han crecido en ambientes dominados por el narcotráfico y la delincuencia, sin ejemplos ni estímulos que los condujeran por buenos caminos.

Junto al desafío de la rehabilitación, hay que preguntarse qué sociedad estamos construyendo y sobre qué valores. El amor desorbitado al dinero, la mentira, la agresividad, el engaño, el atropello a la vida y a la dignidad humana, la búsqueda del propio interés como eje central de la vida, por nombrar algunos aspectos, son rasgos que caracterizan nuestra sociedad y, lamentablemente, determinan muchas de nuestras conductas. Y aquí entramos no solo los delincuentes, sino, de alguna manera, todos los ciudadanos.

Necesitamos no solo una justicia que dé esperanza, sino una sociedad que, por sus valores y prácticas fundamentales, ofrezca la esperanza de una convivencia más fraterna y pacífica. Desgraciadamente, las respuestas actuales para construir sociedad enfatizan el levantar muros, fabricar y adquirir más armas, deportar a los más pobres por considerarlos una amenaza y azuzar nacionalismos y populismos para defender intereses propios. ¿Será esta la forma de construir sociedad que fundará la esperanza de un futuro mejor?

 

Sergio Pérez  de Arce SS.CC.

Arzobispo de Concepción

Publicado el: 10 Marzo, 2025
© Arzobispado de Concepción