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“Nos quiere servidores, no amos”: Misa de Jueves Santo en la Catedral

Publicado el: 17 Abril, 2025

Con un llamado a vivir la Eucaristía como entrega y servicio, el Arzobispo de Concepción, Mons. Sergio Pérez de Arce SS.CC., presidió la Misa de la Cena del Señor este 17 de abril en el Templo Catedral. La celebración, propia del Jueves Santo, conmemora la institución de la Eucaristía, el sacerdocio y el signo del lavatorio de los pies, que fue replicado durante la liturgia.

En su homilía, Mons. Pérez de Arce recordó que Jesús, antes de ser entregado, lavó los pies a todos sus discípulos, sin excluir a nadie. “También a Judas, también a Pedro. Justos y pecadores. El Señor lava los pies a todos, por todos se entrega, a todos les quiere velar su amor”, señaló.

A partir de este gesto, el Arzobispo explicó el corazón del mensaje cristiano: “Nos quiere servidores antes que amos, nos quiere hermanos, constructores de fraternidad”. E insistió en que el gesto de Jesús no fue simbólico, sino un ejemplo concreto que interpela: “Así como Él nos ha servido, también nosotros tenemos que hacernos servidores unos de otros”.

Durante la liturgia, el Arzobispo lavó los pies a doce personas de distintas edades y realidades, recordando que el amor cristiano se expresa en lo cotidiano y en el servicio a los demás. En ese contexto, invitó a abrir los ojos y agradecer a tantos que sirven con generosidad en la vida diaria. “Hay mucha gente que nos presta un servicio importante todos los días: nuestros padres, familiares, amigos, profesores, funcionarios públicos, trabajadores del comercio…”.

También cuestionó una mentalidad individualista que muchas veces se impone en la sociedad: “A veces somos medio individualistas y hay gente que dice: ‘yo no le debo nada a nadie’. ¿Han escuchado esas frases? Ni crecemos solos. Desde niños necesitamos de los demás. Y cuando estamos ancianos también necesitamos de los demás”.

La Eucaristía, la cruz y el servicio —explicó el Arzobispo— forman una unidad inseparable en la vida del cristiano: “El culto nunca está separado de la vida. El amor que aquí recibimos y compartimos tenemos que llevarlo también a los demás”.

Finalmente, Mons. Sergio animó a dar gracias por todos aquellos que, a ejemplo de Cristo, siembran bondad y fraternidad. “Gracias por la Eucaristía, gracias por los sacerdotes que nos acompañan en nuestras comunidades, por las religiosas, por los catequistas y por tantos agentes pastorales que nos ayudan en la evangelización. Y gracias también por la Virgen María, servidora del Señor, que nos entrega a Jesús”.

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