Con una Catedral de la Santísima Concepción repleta de fieles, la comunidad venezolana residente en la región, junto a numerosos miembros de la Iglesia local, participó este lunes en una Misa por Venezuela para orar por las víctimas y afectados por el terremoto ocurrido el pasado 24 de junio.
La Eucaristía fue presidida por el Obispo Auxiliar de Concepción, Mons. Oscar García, en el contexto de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, y estuvo marcada por un profundo espíritu de cercanía, solidaridad y esperanza hacia quienes hoy sufren las consecuencias de la tragedia.
Al inicio de su homilía, el obispo manifestó el cariño y la comunión de la Iglesia de Concepción con el pueblo venezolano, especialmente con quienes han perdido familiares, hogares y medios de vida. “La Iglesia no ofrece respuestas fáciles. Ofrece algo más profundo: la certeza de una gran verdad, de que Dios no abandona a su pueblo en medio de la prueba”, expresó.
Reflexionando sobre la segunda carta a Timoteo, Mons. García recordó las palabras de san Pablo: “El Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas”, señalando que la experiencia del apóstol enseña que la presencia de Dios permanece incluso en los momentos más difíciles. “Cuando la tierra tiembla y parece que todo se derrumba, Dios permanece firme y nos sostiene con sus manos pródigas”, afirmó.
El obispo también destacó que las tragedias recuerdan la fragilidad de la vida humana, pero al mismo tiempo hacen resplandecer la esperanza cristiana. “Nuestra seguridad última no está en las construcciones humanas, sino en Dios, que sostiene nuestra vida incluso cuando el suelo parece desaparecer bajo nuestros pies”, señaló.
A partir del Evangelio de la solemnidad, Mons. García profundizó en la imagen de la roca sobre la que Cristo edifica su Iglesia, indicando que la fe en Jesús es un fundamento que ningún terremoto puede destruir. “Las casas pueden caer, los caminos pueden romperse, pero la esperanza fundada en Cristo permanece en pie, no muda ni cambia”, sostuvo.
Asimismo, valoró los numerosos gestos de solidaridad surgidos tras la emergencia, tanto dentro como fuera de Venezuela. “Las tragedias también despiertan lo mejor del ser humano. Vemos vecinos que rescatan vecinos, personas que comparten lo poco que tienen y tantos hermanos venezolanos que se unen para ayudar desde la distancia y la cercanía espiritual a la vez”, expresó.
En la parte final de la homilía, el obispo invitó a los presentes a renovar la confianza en Cristo, recordando que ninguna prueba tiene la última palabra. “La última palabra pertenece siempre a Cristo resucitado”, afirmó, asegurando además la cercanía y el apoyo de la Arquidiócesis de Concepción y de la Iglesia en Chile al pueblo venezolano.
Finalmente, encomendó a Venezuela a la intercesión de San Pedro Apóstol, de san José Gregorio Hernández, de la hermana Carmen Rendiles y de la Virgen de Coromoto, patrona del país. “Muchas fuerzas, hermanos venezolanos, no están solos, estamos con ustedes hoy y siempre. Dios los bendiga”, concluyó.