El pasado 15 de agosto se celebró la Solemnidad de la Asunción de María al cielo, signo de esperanza para todos los católicos. Bajo su mirada maternal, se festejó también el 72 aniversario de la Parroquia La Asunción, con una Eucaristía presidida por el Arzobispo de Concepción Monseñor Sergio Pérez de Arce en la cual se agradeció por estos setenta y dos años de fe, servicio, educación, evangelización y fraternidad. Concelebraron los sacerdotes Francisco Osorio, párroco; Mauricio Aguayo, formador del Seminario de Concepción y Luis Morales, vicario.
La comunidad se unió en oración para agradecer el camino recorrido y pedir por los años venideros, para que el Señor siga bendiciendo a la comunidad. También por los sacerdotes, diáconos, catequistas y laicos que han prestado un servicio en estos 72 años de historia y por el día de la Vida Consagrada. Finalmente, se oró por las familias de la Parroquia para que a ejemplo del hogar de Nazareth crezcan en el amor, la oración e imiten las virtudes de obediencia y humildad de la Virgen María.
Monseñor Sergio comenzó su homilía agradeciendo a quienes cumplen diferentes servicios y ministerios en la vida parroquial. “Muchas gracias a ustedes que son catequistas, animadores, ministros de comunión y que cumplen tantos otros servicios que cada día hay que llevar adelante para que la parroquia pueda ser fiel a su misión, que es la misión que Cristo nos dejó. Hoy, el aniversario es un motivo para agradecer y renovar ese servicio y compromiso que Dios nos ha encomendado”. Además, continuó, “en la fiesta de la Asunción de la Virgen, Jesús se lleva a la madre al cielo en cuerpo y alma. María vive ya, y eso es lo que profesamos, glorificada en cuerpo y alma y por eso también nos acompaña como madre en el camino de nuestra fe, en el camino de nuestra Iglesia”.
En referencia a las lecturas del día, el celebrante reflexionó acerca de la unión de la Madre con el Hijo toda la vida. “Jesús hace el camino de subida a Jerusalén donde entrega su vida, donde se da por amor, donde nos sirve incondicionalmente hasta el final. También el Hijo sube a la Cruz, donde da la vida voluntariamente, por amor a la humanidad. Y la Virgen está unida en este subir, porque como hemos escuchado en el Evangelio de Lucas, dice que María partió sin demora a la montaña de Judá, para llegar a la casa de Isabel. ¿Y qué hace ahí? Sirve, acompaña a Isabel, una persona mayor, en el momento del parto. Esa imagen es muy significativa, porque servir no es nada fácil, nos trae alegrías, pero otras veces hay que vencer el cansancio, otras obligaciones y decidirse a servir, o sea, subir para servir y de eso se trata el amor, que nos decidamos a amar y entregarnos a los demás”.
Asimismo, el Arzobispo recalcó “una parroquia debiera ser siempre un espacio de servicio mutuo, donde nos animemos a aprender el camino de Jesús y el camino de la Virgen, que suben para servir y dar la vida, acompañar a sus hermanos. En una buena parroquia nos acompañamos entre nosotros, en nuestras penas y alegrías. Una buena parroquia tiene que ser comunidad, siempre, y también saber servir a los más frágiles”.
Junto con relevar el servicio, Monseñor Sergio destacó la alabanza como una actitud cristiana importante, señalando las palabras de Isabel a María y luego de la Virgen al Padre, por todas las maravillas que ha creado. “María alaba y canta la grandeza del Señor porque Dios miró su pequeñez, con bondad, con amor. Luego alaba a Dios por su misericordia, que se extiende de generación en generación, se derrocha sobre toda la humanidad y a través de la historia. Lo alaba porque Dios mira a los humildes y despliega la fuerza de su brazo en favor de los pequeños y dispersa a los soberbios”.
Finalmente, el mensaje a la comunidad fue que, junto con el servicio, un cristiano y una parroquia deben alabar a Dios, despertar en su corazón y en su alma la gratitud, la alabanza. Nosotros como comunidad, preguntó el Pastor, “¿alabamos al Señor porque me mira con amor, porque nos acompaña en el camino? Si uno aprende solo el camino del servicio, pero no el de la alabanza, o viceversa, nuestra vida cristiana queda incompleta. La parroquia alaba a Dios de muchas maneras, en la Eucaristía, con la Adoración, y cada uno de nosotros en su vida personal. Los invito, a partir de la figura de la Virgen, a ser cristianos y ser una parroquia que sube para servir y entregarse, que hace del servicio su camino de identidad y, por otro lado, ser cristianos y una parroquia que saben alabar al Señor en su vida, como la Virgen lo hace en este hermoso camino”.