“Configurados con Cristo Salvador” (Lucas 4,16-21) se tituló el retiro espiritual realizado en el Seminario de Concepción, con el cual los diáconos permanentes de la Arquidiócesis anticiparon la celebración de su día, que se destaca cada 10 de agosto con motivo de la fiesta de su santo patrono, San Lorenzo.
En esta ocasión asistieron 52 diáconos, algunos de ellos acompañados por sus esposas. En primer lugar, predicó el retiro Monseñor Bernardo Álvarez, Obispo Auxiliar de Concepción, quien orientó a los presentes en la profundización de la identidad y espiritualidad del diaconado.
La exposición se inició con el video de la “Red mundial de oración del Papa” con la intención del mes de agosto: “Por la evangelización de la ciudad”. Consultado sobre lo que presentó a los diáconos, el expositor explicó “las meditaciones se centraron en cuatro textos del Evangelio que nos permitieron contemplar al Señor en la forma de vivir su ministerio: oramos con el texto de Jesús en la sinagoga de Nazaret, agradeciendo el don del sacramento del diaconado; luego, con el texto del encuentro del Resucitado y los discípulos de Emaús, oramos por el don de la diaconía de la palabra; a través del texto de la última cena, valoramos el don del servicio a la liturgia y los sacramentos y, finalmente, nos detuvimos en el texto del buen samaritano, agradeciendo el ministerio del diaconado como un don que se pone al servicio de los que sufren al borde del camino en nuestra sociedad actual”.
Felipe Sanhueza, ordenado diácono hace algunas semanas, sirve en la Parroquia e Iglesia Institucional de Carabineros San Juan de Mata y en el Santuario María Auxiliadora, y nos cuenta que este día tiene un especial significado par él. “Experimentar el diaconado ha sido una oportunidad de servir a la iglesia con todos los dones que Dios me dio, pero también con todas mis debilidades, ofreciéndolas para que sean una oportunidad de crecimiento personal y comunitario. Estoy muy consciente que Dios sabe hacer cosas grandes con instrumentos insuficientes y eso me tiene tranquilo, me confío en el Señor y estoy dispuesto a servir; pongo mi disponibilidad en sus manos”.
Por su parte, Max Perret, quien sirve en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe de Hualpén, señaló “ser diácono de la Iglesia de Concepción es un gran regalo por gracia de Dios. Me ha correspondido estar en comunidades fuera de mi parroquia, en colegios, en el templo catedral, y sobre todo vivir este camino junto a los hermanos de Nuestra Señora de Guadalupe y sus comunidades, que son seis, ha sido muy grato. Presto apoyo en liturgias, exequias y enseñando lo que uno aprendió y cree, de forma muy cercana a las personas. Si uno abandona muchas cosas y deja su pasado atrás, puede entregar mucho a Dios, que es quien permite esto y nos impulsa a mirar de otra forma la vida de consagrados. Uno cambia de actitud y su forma de ser, estando al servicio de lo que se necesite”.
Luego de la presentación, se celebró la Santa Misa en la capilla del Seminario, presidida por Monseñor Bernardo Álvarez y concelebrada por Monseñor Oscar García. Finalmente, todos compartieron un almuerzo.