Con una significativa participación de fieles, la Iglesia de Concepción dio inicio a la Semana Santa con la celebración de Domingo de Ramos, que comenzó al mediodía en el odeón de la Plaza de la Independencia.
En ese lugar se congregaron cientos de personas para la bendición de ramos, signo que recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Posteriormente, los fieles participaron en una procesión hacia el Templo Catedral, donde se celebró la Eucaristía.
La misa fue presidida por el Arzobispo de Concepción, Mons. Sergio Pérez de Arce, y concelebrada por el Pbro. Claudio Alarcón, párroco de la Parroquia Del Sagrario.
En su homilía, el arzobispo invitó a contemplar el sentido profundo de la pasión de Cristo, recordando que su muerte no fue un hecho casual, sino consecuencia de la injusticia y la violencia.
En ese contexto, hizo referencia a situaciones recientes que han impactado al país, señalando que estos hechos “nos tienen que hacer pensar cómo somos capaces de convivir como sociedad”, y motivando a renovar el compromiso por una cultura de paz.
Asimismo, recogiendo palabras del Papa León XIV, destacó que “Jesús es nuestro Dios, rey de la paz, un Dios que no puede ser utilizado para justificar el enfrentamiento”, subrayando la urgencia de este mensaje en un mundo marcado por conflictos y guerras que siguen afectando a inocentes.
Profundizando en el mensaje del Evangelio, el arzobispo afirmó que en la cruz se revela el verdadero reinado de Cristo: “Jesús es rey, incluso en ese momento doloroso. Es el rey que da su vida por nosotros y nos muestra el camino del amor”.
En ese sentido, invitó a los fieles a vivir una fe concreta y comprometida: “Vale la pena vivir como Él vivió, no para el egoísmo, sino para el amor; no para el individualismo, sino para la comunión; no encerrados en nuestros intereses, sino abiertos a los demás, especialmente a los más pobres”.
Finalmente, Mons. Pérez de Arce llamó a no quedarse en signos externos, sino a renovar la fe con convicción, tomando como ejemplo la confesión del centurión al pie de la cruz.
“De poco serviría venir con nuestros ramos si no renovamos nuestra fe. Estamos llamados a decir: ‘Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios’, y a seguir a Jesús cada día en el camino del amor”, concluyó.