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Hermana Helena: La alegría uno la encuentra en aliviar el sufrimiento humano

Publicado el: 16 Octubre, 2024

Desde pequeña, la hermana Helena Antúnez amaba mucho al Señor. “Quería ser la esposa de Jesús” y un sacerdote, que la acompañaba espiritualmente, le habló de la congregación a la que actualmente pertenece: las Hermanas Salesas Misioneras de María Inmaculada

“Era un sacerdote de la espiritualidad de San Francisco de Sales. Este santo me ha ayudado mucho. En ese tiempo, yo vivía en el campo y tenía que caminar muchísimos kilómetros para ir a la Misa, pero yo iba todos los días que había. No era todos los días, porque había sólo un sacerdote para dos parroquias. Conocí la congregación cuando tenía 18 años y entré a los 20. Ahora tengo 66 años de vida consagrada”, relata. 

Cuando ingresó a la congregación estaba estudiando Enfermería en París. Se especializó como laboratorista y, al terminar sus estudios, fue enviada a la India. En un principio, lo más difícil fue el idioma, sobre todo teniendo en cuenta que allí se hablan diversas lenguas, a lo que se sumaron las diferencias culturales y tener que aprender el devanagari, el sistema de escritura que se usa en India. Sin embargo, logró adaptarse y permaneció 20 años en ese país. Durante ese tiempo trabajó en un orfanato, estuvo a cargo de la casa de formación de las novicias y auxilió a personas enfermas de lepra. 

“Años maravillosos”

“En ese tiempo no había tratamiento para la lepra, pero yo tuve la dicha de estudiar laboratorio en París, donde se estaba haciendo un tratamiento con leprosos. Así que me entregué de lleno al servicio de los leprosos, porque ellos directamente se cortaban el pedazo, se cortaban las manos o los pies, pero la solución no era esa. Había que hacer algo, uno no se podía quedar indiferente. Tuve la dicha de ayudar a muchos”, recuerda. 

En el hospital en que trabajaba la hermana Helena, atendían a cientos de personas con lepra diariamente. Algunos estaban internados, otros venían desde lejos para que les hicieran curaciones y a otros había que visitarlos en sus casas, porque no se podían mover.

“Había harto trabajo que hacer. No había tiempo para preocuparse de uno, pero era bonito. Yo los acompañaba, les hacía las curaciones. Había que ayudarlos, porque estaban abandonados. Sufrían mucho, pero eran muy agradecidos por lo que hacía por ellos. Había uno que me consideraba como una hija. Tengo muy buenos recuerdos. Las hermanas me ayudaron harto, había hermanas muy buenas que me ayudaron en esta misión”, relata. 

La hermana Helena afirma que “fueron años muy bonitos, porque tú levantas casi muertos. Tengo muy buenos recuerdos porque ayudé a mucha gente. Es una alegría muy grande cuando levantas a alguien del polvo, de la miseria máxima, y le devuelves la dignidad. Valía la pena realmente. Estoy muy agradecida de Dios y de mis hermanas que me ayudaron mucho, porque realmente fueron años maravillosos”. 

De todas las Hermanas Salesas que trabajaban auxiliando a los leprosos, sólo una se contagió y falleció. Actualmente la lepra está controlada, sin embargo la congregación sigue teniendo un leprosario. 

Más de cuarenta años en Chile

Tras su paso por India, la hermana Helena estuvo durante un año en Francia y luego fue enviada a Chile, donde estuvo en la localidad de Cumpeo en Talca, después en la provincia de Arauco, posteriormente en San Bernardo, luego en Ñipas, nuevamente San Bernardo y finalmente en Concepción. Actualmente, a sus 91 años de edad, se encuentra en el Centro de Espiritualidad San Luis Gonzaga, junto a la hermana Marisol Seguel, quien la cuida con gran ternura y dedicación. 

El servicio que la hermana Helena prestó en Chile fue muy distinto del que realizó en India, y comenta que en cierto sentido “era más fácil, porque aquí las personas no morían de hambre, había lo necesario para vivir”. 

En la provincia de Arauco “acompañaba a los enfermos en sus casas y también hacía visitas en el Hospital de Arauco y Carampangue. Le tengo mucho cariño a los enfermos. También visitaba la cárcel. Era una misión interesante. Había mucha gente sola y abandonada. Tengo muy buenos recuerdos de mis años en esa zona, fueron años muy bonitos”. Además, acompañó a la comunidad de Punta Lavapié, donde incluso actualmente tienen una fotografía suya en el salón de la capilla, que se llama Santa Elena. 

Durante el tiempo que estuvo en Ñipas, comuna de Ránquil, visitaba a los enfermos y necesitados, y colaboró en la puesta en marcha de un Hogar de Ancianos. Mientras que en San Bernardo, Región Metropolitana, fue parte de la iniciativa de crear un centro abierto donde las mamás que trabajaban pudiesen dejar a sus niños, pues en ese tiempo no había tantas guarderías y jardines infantiles como ahora. Ante esa necesidad, la congregación de las Hermanas Salesas Misioneras de María Inmaculada quiso responder al desafío de atender a los niños y también brindar algún curso o acompañamiento a las mamás, porque la mayoría eran de escasos recursos. 

La alegría de aliviar el sufrimiento

Para la hermana Helena lo más lindo de su vida consagrada ha sido disfrutar de la vocación que el Señor le regaló y enfatiza que “hay mucho que decir, son muchas cosas bonitas, muchas, muchas, gracias a Dios. Ha sido harto trabajo, he recibido mucha ayuda de todas partes. Tengo muy buenos recuerdos”. 

A quienes sienten el llamado a consagrar su vida como religiosas o como sacerdotes, los anima diciendo que “cuando uno se entrega hay que entregarse de lleno, sin cálculo. La alegría uno la encuentra en el trabajo que hace, en aliviar el sufrimiento humano, en dar una gran ayuda. Cuando tú ves que alguien se levanta, uno dice “gracias Señor”, porque es el trabajo de Dios”

“Es bonito, es una linda misión, por la cual yo estoy muy agradecida de Dios y de mis hermanas. Y también de mis superioras, que me dieron confianza y me pusieron en situaciones difíciles, pero ha sido bonito, muy bonito”, destaca.

En la actualidad son 1.400 las hermanas salesas en todo el mundo, la mayoría de ellas son de India y las demás son de países como Bangladesh, Madagascar, Chile, Francia, Vietnam, Papúa Nueva Guinea y Benín, entre otros. En Concepción, la congregación está formada por la Hna. Victoria y la Hna. Fátima, que provienen de India; la Hna. Luz y la Hna. Helena, que son originarias de Francia; y la Hna. Marisol, que es la única chilena de la comunidad. 

Fuente: Revista Nuestra Iglesia

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