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Sacerdotes de la Arquidiócesis celebraron el Día del Párroco renovando su compromiso con la misión

Publicado el: 4 Agosto, 2026

Con una jornada de reflexión, fraternidad y oración, los sacerdotes de la Arquidiócesis de la Santísima Concepción celebraron este martes el Día del Párroco, en la memoria litúrgica de San Juan María Vianney, patrono de los párrocos. La actividad reunió a presbíteros y obispos de la arquidiócesis en la Parroquia El Buen Pastor, en San Pedro de la Paz.

La jornada comenzó con un espacio de reflexión guiado por el Pbro. César Bello, párroco de la Parroquia San Pablo de Chiguayante, quien profundizó en la encíclica Sacerdotii Nostri Primordia de san Juan XXIII, escrita con ocasión del centenario de la muerte del Santo Cura de Ars.

Durante su exposición abordó aspectos fundamentales de la vida sacerdotal, como la oración, la relación con Dios, la vida eucarística, la confesión y la disciplina espiritual.

El Padre César explicó que la finalidad del encuentro fue “animarnos los unos a los otros, como nos pedía el Papa en esta encíclica, y recordar el primer amor, que es el Señor que nos llamó, nos llama y nos seguirá llamando para ser misioneros y compartir la alegría de Cristo resucitado en medio de los hermanos”.

La celebración culminó con la Eucaristía, presidida por el Arzobispo de Concepción, Mons. Sergio Pérez de Arce, y concelebrada por los obispos auxiliares, Mons. Bernardo Álvarez y Mons. Oscar García.

Renovar el corazón sacerdotal

En su homilía, Mons. Sergio Pérez de Arce agradeció la entrega cotidiana de los sacerdotes y reconoció que el ministerio no siempre es fácil, destacando la importancia de sostenerse mutuamente como presbiterio.

“El Señor nos va fortaleciendo y nos va ayudando, y tenemos que ayudarnos también mutuamente como comunidad, como cuerpo presbiteral, obispo y sacerdotes en la misión. Estos encuentros son parte de esa ayuda, de festejar juntos, de vernos, de conversar y de caminar como hermanos en el servicio que Él nos ha encomendado”, expresó.

A la luz del Evangelio, el Arzobispo recordó que la misión sacerdotal nace de la compasión de Cristo por su pueblo. “Jesús, ante todo, es pastor. Recorre ciudades y pueblos enseñando y sanando porque ve a la multitud y tiene compasión de ella. De ahí nace ese compromiso y esa entrega que nos fascinó cuando recibimos el llamado y que debe seguir fascinándonos siempre. Lo nuestro es escuchar a Jesús que nos llama y nos envía para servir a su pueblo”, señaló.

Tomando como ejemplo a San Juan María Vianney, invitó a los sacerdotes a no desanimarse frente a las dificultades del tiempo presente. “Vivió en una época difícil para la Iglesia, marcada por profundos cambios, pero no se quedó en la queja ni en el repliegue. En tiempos complejos buscó nuevos caminos para anunciar el Evangelio y profundizó en lo esencial. Ese es también nuestro desafío hoy”, afirmó.

Asimismo, destacó la humildad y sencillez del Santo Cura de Ars, recordando que, pese a sus limitaciones humanas y académicas, desarrolló un fecundo ministerio gracias a su fidelidad al Señor.

Finalmente, animó a los sacerdotes a renovar su vocación y a pedir un corazón configurado con el de Cristo. “Celebremos este día agradecidos y pidámosle al Señor que nos dé un corazón lleno de amor, un verdadero corazón sacerdotal, para caminar junto a nuestros hermanos al servicio del Reino de Dios”, concluyó.

Una jornada de comunión y renovación

El párroco de El Buen Pastor, Padre Yuliano Viveros OSA, valoró la instancia como un espacio de encuentro fraterno entre los sacerdotes de la arquidiócesis.

“Ha sido una celebración de mucha comunión. Recibimos la reflexión del Padre César Bello y fue una instancia de renovación personal y comunitaria. Como sacerdote, este día también es una oportunidad para volver el corazón a Cristo y pedir el bendito celo pastoral de San Juan María Vianney, para vivir siempre el apostolado a ejemplo de Cristo Jesús”, expresó.

Asimismo, destacó que la jornada fortaleció la fraternidad sacerdotal. “Ha sido una instancia de comunión, de alegría, de cohesión fraterna y, sobre todo, de renovación espiritual”, concluyó.

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