Servidores del altar de distintas comunidades de la Arquidiócesis de la Santísima Concepción participaron este sábado 22 de agosto en una jornada de encuentro, oración y fraternidad, que culminó con la celebración de la Eucaristía en el Templo Catedral.
La actividad comenzó a las 11:00 horas en la Parroquia Santo Domingo, desde donde salieron en procesión hasta la Catedral de Concepción. Allí, al mediodía, participaron de la Eucaristía presidida por Mons. Sergio Pérez de Arce, Arzobispo de Concepción.
Durante la celebración, el Arzobispo saludó especialmente a los niños, jóvenes y adultos que prestan este servicio en sus comunidades, así como a los padres y madres que los acompañaron durante la jornada, agradeciéndoles el apoyo que entregan a sus hijos e hijas en su camino de fe.
En su homilía, Mons. Sergio recordó el testimonio de San Tarsicio, joven mártir de los primeros siglos del cristianismo, quien murió mientras protegía la Eucaristía que llevaba a cristianos encarcelados. A partir de su ejemplo, invitó a los servidores del altar a comprender que su misión está llamada a prolongarse más allá de las celebraciones litúrgicas.
“Quizás lo principal que tenemos que pedir hoy día al Señor es que nos haga buenos testigos, mensajeros y amigos del Señor. No solo un día, no solo un ratito en que estamos en la liturgia, sino que toda nuestra vida”, expresó.
A la luz del Evangelio, el Arzobispo también llamó a vivir la fe con coherencia, evitando las apariencias y procurando que exista correspondencia entre aquello que se anuncia y la forma concreta de vivir.
Asimismo, destacó que todo ministerio y servicio dentro de la Iglesia encuentra su verdadero sentido cuando se realiza con humildad. “El mayor entre ustedes será el que los sirve”, recordó, agregando que quienes cumplen una función en la comunidad no están llamados a ocupar un lugar de privilegio, sino a ponerse al servicio de los demás.
Dirigiéndose especialmente a quienes colaboran en el altar, Mons. Sergio señaló que este servicio requiere preparación y aprendizaje permanente. “Cuando uno hace un servicio, tiene que hacerlo bien. Para eso uno tiene que prepararse, tiene que aprender”, afirmó.
En esa línea, los animó a continuar formándose junto a sus asesores y responsables para desempeñar cada vez mejor su tarea, pero siempre con la motivación correcta: “No para mostrarse, sino para servir mejor”.
Finalmente, el Arzobispo invitó a vivir este servicio con la misma humildad de Cristo, “que siendo el Señor se hizo servidor”, y pidió que la jornada ayude a todos los participantes a crecer como servidores de sus comunidades y como testigos del Evangelio.