El mensaje de la Cuaresma del Papa León XIV para este año lleva por título: “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”. Dentro de los tres subtítulos que trata (escucha, ayuno, juntos), el último invita a reconocer la Cuaresma en sentido comunitario. La invitación de León consiste en reconocer el itinerario cuaresmal que nos orienta hacia la pasión, muerte y resurrección del Señor como un “camino compartido”. Ciertamente, esta invitación no es solo para los católicos, sino para toda la humanidad.
“Camino compartido” es una imagen que contrasta con los tiempos que nos toca vivir. Es doloroso apreciar el camino recorrido como humanidad en los últimos años, camino que nos ha enfilado hacia verdaderos despeñaderos de guerras, muertes de inocentes, abusos contra la dignidad humana, etc.; las imágenes de bombardeos, destrucción, muertes y discursos amenazantes dan cuenta de un modo de caminar la historia. Lo más lamentable es que no se vislumbran verdaderas soluciones que permitan salir de estos límites a los que hemos llegado.
Ante este panorama, el riesgo es caer en el escepticismo o en un pragmatismo sin esperanza. Sin embargo, la Cuaresma nos recuerda que siempre es posible cambiar. La conversión no es solo personal: también implica transformar las estructuras que permiten el mal. La pregunta inevitable es: ¿cómo puedo aportar? ¿Qué puedo hacer ante todo lo que está pasando?
El Papa León nos ofrece luces para responder. En este tiempo cuaresmal podemos entrar en el camino de Jesús, el gran compañero de camino, que se identifica con el mismo camino (Jn 14,6). Volvamos a compartir nuestra vida con Él, sigamos sus pasos. Esto significa apostar por la transformación desde lo pequeño: comunidades parroquiales, familias, grupos pastorales, comunidades religiosas. En ellas, que se escuche la Palabra de Dios, el clamor de los pobres y de la tierra. Que cultivemos nuevos estilos de relación, mejorar la calidad del diálogo, ayunar de palabras que hieren, abrir la mente y el corazón para dejarnos interpelar por la realidad, examinar las motivaciones que orientan nuestros deseos.
En definitiva, se trata de ser más dispuestos y diligentes para contribuir a la construcción de la civilización del amor. La Cuaresma nos recuerda que el camino no se recorre en soledad: es un camino compartido, y en él siempre hay una semilla de esperanza por la cual vale la pena trabajar y sembrar.
Mons. Bernardo Álvarez
Obispo Auxiliar de Concepción