(CELEBRAR ) EL DÍA DEL NIÑO

El Día del Niño, ya es un hito como tantos otros, que se toma la agenda de agosto. Sin excepción cada cual tiene algún niño que saludar y celebrar. Sin duda es una expresión de cariño, y siempre el cariño hace bien. Seguramente este año será distinto, me imagino; abundarán los dulces, tortas, peluches, globos y saludos a distancia. También en la Iglesia se realizarán celebraciones y gestos para expresar lo importante que son los niños.

No obstante lo anterior, quisiera recordar su origen, y la motivación de esta celebración.

Corresponde a una iniciativa de organismos internacionales para conmemorar los avances en materia de protección de la infancia, siendo la Convención Internacional de los Derechos del Niño de 1990, el gran acontecimiento, que hace un llamado a la defensa de los derechos que asisten a la infancia. De esta manera la Convención se rige por cuatro principios fundamentales:

– No discriminación: el niño no podrá recibir discriminación por raza, color, género, idioma, religión, nacionalidad, origen social, casta o discapacidad.

– Interés superior del niño: las leyes que afecten a la infancia deben beneficiarla de la mejor forma posible.

– Supervivencia, desarrollo y protección: las autoridades del país deben proteger al niño y garantizar su pleno desarrollo, tanto físico como social.

– Participación: los niños tienen derecho a expresar su opinión en las decisiones que les afecten y que sus opiniones se tomen en cuenta.

Nuestro país ratificó la Convención en 1990, creando en los últimos 30 años un marco institucional, con el objeto de dar protección a la infancia, especialmente a la más vulnerada en sus derechos. Lamentablemente estos esfuerzos, aún son insuficientes, y seguimos en deuda con los niños, niñas y adolescentes. No puedo dejar de mencionar con dolor, a la niña de 16 años que recientemente fue brutalmente asesinada, y que nos ha impactado tan hondamente. No es posible que sigan pasando estas cosas, y que todo siga igual. Tenemos una responsabilidad compartida de la que tenemos que hacernos cargo, un compromiso real del estado, a través de instrumentos eficaces, las instituciones intermedias en la promoción de una cultura de protección de los niños como sujetos de derechos y el apoyo a las familias con mayor dificultad.

Como Iglesia nos debe interpelar profundamente para seguir trabajando en la promoción de su cuidado y protección. Por eso, recordar el real sentido de esta celebración, puede ser un buen desafío para este año, y que en cada saludo que hagamos, esté presente el respeto de la dignidad de cada niño como persona y como ciudadano.

 

Gabriela Gutiérrez Holtmann
Delegada Episcopal para la Pastoral Social
Iglesia de Concepción- Chile

Publicado el: 10 agosto, 2020