La vocación sacerdotal es una vocación a la santidad

En este mes se celebra al Buen Pastor, Jesucristo que da la vida por sus ovejas. También es el mes en que se pide a Dios de manera insistente que envíe vocaciones sacerdotales. Para ello hay que pedir por las vocaciones matrimoniales, pero sobre todo para que cada uno de los miembros de la Iglesia reconozcamos nuestro bautismo y la vocación a la santidad a la que hemos sido llamados.

Hablar de vocación, es decir del llamado de Dios a una misión específica dentro de la Iglesia nos lleva al misterio mismo de Jesucristo y de su amor. En efecto Jesucristo es Dios y es quien nos conduce, en virtud de su condición humana -en todo menos en el pecado- hacia el Padre. Sólo por medio de Él tenemos acceso a la primera persona de la Santísima Trinidad. Después de su muerte y resurrección nos corresponde a los sucesores de los apóstoles, en primer lugar, pero a la comunidad toda, llevar adelante el misterio de su amor haciendo presente a Cristo en la historia a través de su Palabra y de la vida sacramental. Con su vida, su cercanía, su amor, será luz de este gran misterio de amor en que Dios se entrega por cada uno de nosotros para que tengamos vida en abundancia en el Él y solo en Él.

Rezar por las vocaciones es rezar para poder continuar con la obra de salvación que el Señor inició dando la esperanza que nos viene de Él y actualizando el misterio de su entrega en la que nosotros estamos llamados a hacer por la humanidad. Jesucristo ha querido que hombres -actuando en su persona- actualicen el acto salvador que llenó de luz al mundo porque venció la oscuridad que significa la muerte. El sacerdote es el hombre de Dios que actualiza ese misterio con su vida, su palabra y sus gestos y nos recuerda la presencia viva del amor de Dios en medio de la historia. A veces es difícil de comprender, pero es real. Dios quiera que muchos jóvenes descubran el llamado que Dios les está haciendo en este tiempo para seguirlo, amarlo, configurarse con Él y servir como Dios, en Jesucristo lo hizo, dando la vida por los demás.

Pedir por las vocaciones es tarea de todos. Esa es una misión que se nos impone hoy más que nunca porque los obreros son pocos y la mies es mucha. Lo mismo que en los tiempos de Jesús.

Mons. Fernando Chomali G.
Arzobispo de Concepción

 

Publicado el: 16 mayo, 2022