Virgen del Carmen, Madre y Reina de Chile

El próximo 16 de julio celebraremos una vez más la Solemnidad de Nuestra Señora del Carmen, es un día muy especial para la fe e identidad de Chile. Si contemplamos la historia de nuestra patria podemos reconocer que la presencia maternal de la Virgen del Carmen siempre ha estado presente, desde sus orígenes hasta nuestros días. En el contexto que vivimos como país, al iniciar el importante proceso político que terminará con la redacción de una nueva constitución, es oportuno valorar la presencia de María en nuestra historia como signo de un pueblo ha fraguado su profunda identidad en la matriz del Evangelio de Jesucristo, ocupando una imagen, Chile, como nación libre y soberana, ha germinado de María del Carmen.

En 1595 se inició la devoción mariana a nuestra Señora del Carmen en nuestro territorio con la venida de los misioneros agustinos que se instalaron en Concepción, fundando la primera cofradía de la Virgen en 1648. Desde aquel tiempo, cada 16 de julio se ha celebrado la fiesta de Nuestra Señora del Carmen. Siglos más tarde, en el marco del proceso independentista de nuestro país, los líderes del proceso, San Martín y O´Higgins, luego de consultar a sus huestes, tomaron la decisión de declarar a la Virgen de Carmen como patrona de la empresa libertadora.

La intención inicial se refrendó con el voto de las autoridades y líderes independentistas quienes ofrecieron levantar un Santuario en honor de la Virgen del Carmen como memorial del proceso que constituiría a Chile como nación libre y soberana. A partir de estos actos fundacionales de nuestra identidad nacional la devoción se propagó y arraigó más profundamente en el tejido de nuestro territorio, pasando a ser un verdadero patrimonio no sólo religioso, sino también social y cultural presente en diferentes zonas de nuestro Chile. Un hermoso testimonio de la devoción quedó grabado en la tradicional oración creada el obispo Ramón Ángel Jara, que rezaba: “Abrid vuestro manto y cubrid con él a esta República de Chile, de cuya bandera Vos sois la estrella luminosa”.

La devoción a la Virgen del Carmen se celebra como fiesta en diferentes lugares de nuestro país, entre los más representativos se encuentran, la gran fiesta de la Tirana en Iquique, Cavancha en Antofagasta, Quilimarí en Illapel, Santuario nacional de Maipú en Santiago, El Carmen en Linares, Templo de San Agustín en Concepción, Coyhaique, no obstante, son innumerables las comunidades, capillas, templos parroquiales, instituciones educativas o de caridad que han sido consagrados a la Virgen del Carmen, en otro ámbito, menos visible, son muchos los hogares en las zonas rurales donde hasta nuestros días se celebran tradicionales y centenarios novenarios y procesiones en su honor.

El día de ayer, domingo 04 de julio se ha iniciado un proceso que tendrá como fin la redacción de una nueva constitución para Chile, como Iglesia hemos rezado por este tiempo que se inicia y por quienes tendrán tan alta responsabilidad de interpretar el momento histórico de nuestra nación y proyectar las bases de una nueva constitución mirando el presente y el futuro de Chile, creemos que los desafíos actuales de nuestra sociedad se pueden responder teniendo en cuenta también los diversos valores que han sustentado, dado origen y tradición a nuestro país, dentro de los cuales se encuentra la fe, la religiosidad de nuestro pueblo, manifestado especialmente, en el sentir de los más sencillos, aquellos que en tantas ocasiones a los largo de la historia no teniendo respuesta a sus urgentes necesidades, se han refugiado, confiado y esperado en el Señor y la Virgen, especialmente en su advocación de nuestra Señora del Carmen.

El sentir de los sencillos, manifestado en la Piedad popular, lo expresaba el Papa con una hermosa referencia a las fiestas patronales y el baile religioso del norte de nuestro País:

[…] “no es una fiesta que queda encerrada dentro del templo, sino que ustedes logran vestir a todo el poblado de fiesta. Ustedes saben celebrar cantando y danzando «la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante de Dios. Así llegan a engendrar actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los demás, devoción» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 48) Cobran vida las palabras del profeta Isaías: «Entonces el desierto será un vergel y el vergel parecerá un bosque» (32,15). Esta tierra, abrazada por el desierto más seco del mundo, logra vestirse de fiesta. (Papa Francisco, Misa en Iquique, 18 enero 2018).

Confiamos una vez más el destino de nuestro pueblo bajo el manto de María del Carmen, Madre y Reina de esta patria nuestra, también renovando la llamada del Señor que nos invita a ser sal y luz del mundo (Mt 5, 13 – 14), levadura en la masa (Mt 13, 33), manifestando activa y creativamente el Evangelio de Jesucristo para estos tiempos.

 

Pbro. Bernardo Álvarez Tapia
Rector del Seminario Metropolitano
Concepción, Chile

 

Publicado el: 5 julio, 2021