1 de mayo 2023, celebramos el Día del Trabajo

El trabajo es un elemento clave en la resolución de los grandes problemas sociales que aquejan al mundo de hoy. El trabajo es, cada vez más, el principal recurso que tiene el hombre. En efecto si en otro tiempo fue la tierra, o el capital y los medios de producción, hoy lo es el mismo hombre y sus conocimientos.

El trabajo no es un elemento exógeno al hombre, sino una de sus dimensiones fundamentales de su existencia. El trabajo está llamado a ser fuente de desarrollo personal, es decir una instancia privilegiada para crecer en humanidad y hacer crecer a la sociedad con su cultura y los valores que la animan. El trabajo es una posibilidad privilegiada para lograr una mayor perfección como persona y no sólo para tener más. Una excesiva fijación en el lucro puede opacar el valor maravilloso que tiene el trabajo en sí mismo y convertirlo en una mera mercancía que se transa en el mercado. Eso es desvirtuar el trabajo, su valor personal y su valor social. Una concepción del trabajo de esta índole significa poner la atención en lo que se hace y la remuneración inherente a ella, y no en quien lo hace, una persona, y olvidar que la finalidad última del trabajo es la persona.

Hoy, los tiempos que exige el trabajo, sumado a los dedicados a la familia,  demandan más allá de las propias fuerzas. Para muchos son fuente de agobio y no de alegría, e inevitablemente se termina privilegiando una dimensión en desmedro de la otra.

La resolución de esta ecuación es especialmente conflictiva en el caso de las mujeres. Ellas están exigidas en sus propias familias en virtud de las exigencias económicas que implica llevarla adelante. Saben que el futuro de sus hijos depende de la educación y no escatiman esfuerzos para darles la mejor educación. Eso en Chile está vinculado a la situación económica, lamentablemente. 

Hoy impera una competitividad a nivel social que muchas veces obliga a sobrecargarse de trabajo para poder cumplir con expectativas materiales vinculadas más al placer que a las necesidades reales de las personas, como son las afectivas y las de orden espiritual. 

La competencia es feroz y sobrevivir no es fácil. Ello implica largas jornadas de trabajo. Esto constituye una grave amenaza para la sociedad.

Algo ha pasado, por un lado los altos niveles de eficiencia de los sistemas productivos han logrado que las personas tengan acceso a bienes y servicios hasta hace poco muy restringidos, pero por otro lado los tiempos con la familia se han ido pauperizando. Ello nos debe hacer pensar si el concepto de desarrollo imperante está demasiado centrado en lo económico y que nos debiésemos abrir a uno más centrado en las personas que son el fin último y la razón de ser de todo el orden social.

+Fernando Chomali G.
Arzobispo de Concepción

 

Publicado el: 2 mayo, 2023