BUSCANDO ESPACIOS DE ENCUENTRO JOVEN

Llega el mes de octubre y con él, ya presente: la primavera, los colores, las flores, el viento que sopla un poco más fuerte pero que refresca. Es así como estas sensaciones se nos hacen propicias para hablar de juventud.
Los jóvenes presente y futuro de la comunidad nuclear de la sociedad y en donde también Dios fija su mirada para obrar, pues en palabras del mismo Papa Francisco ellos son el AHORA DE DIOS.

Vinculando la misión que se nos ha encomendado como delegados episcopales para la Pastoral de Juventud y sin renunciar a nuestra primera vocación que es ser hijos de Dios expresado a la vez en nuestro matrimonio y familia, queremos compartir con ustedes algunas reflexiones e interrogantes que se han ido dando en este nuevo caminar por y con los jóvenes. Puesto que el Espíritu Santo habla a través de ellos.

Quisiéramos partir por proponer, tener en cuenta la invitación a trabajar e interesarnos por una de las temáticas presentada por el Papa Francisco en la exhortación “Christus Vivit”, respecto a la “orfandad en los jóvenes”, la cual para nosotros es necesaria resaltar, sobre todo porque es una percepción que compartimos muchos quienes trabajamos con jóvenes y que tristemente ellos nos han enrostrado.

La orfandad, la soledad, el abandono, la discriminación, tantos calificativos semejantes que encierran un conjunto de diversas frustraciones, injusticias y desarraigos generacionales, producto de una sociedad que fomenta el individualismo y el éxito personal como cumbre de la existencia, junto con el tener por sobre el ser. Sumidos en una competencia constante de capacidades, donde en muchos casos se vuelve desleal, designada como vara donde medir valores propios, otorgando reconocimiento y muchas veces quitando dignidad a la persona, donde lo material se vuelve objeto de deseo, junto al déspota y vil caballero don dinero, “tanto tienes tanto vales” en la insaciable sed de consumo; todo ello magnífica ese sentir de incertidumbre, ansiedad, soledad, abandono y desconfianza que hoy transmiten y reflejan nuestros jóvenes en sus vidas. El desarraigo de tradiciones, la falta de credibilidad de las instituciones, la exacerbación de los derechos por sobre las obligaciones con una sensible falta de pertenencia, es solo una consecuencia de todo lo expuesto. Esta crisis existencial y espiritual en la que vivimos la están padeciendo de manera especial nuestros jóvenes, alejados y descreídos totalmente de las instituciones y lo más doloroso que también de nuestra Iglesia.

Si comenzamos a pasar lista con respectos a las crisis que nos rodean, nos encontramos desde la Crisis Familiar, la crisis medioambiental, la crisis en la Iglesia, la propia crisis institucional, social y económica, entre otras. El panorama de frente no es muy alentador si dependiera sólo de lo humano. Por esta razón tenemos la certeza que el trabajo desde y para los jóvenes es un camino complejo y atenuante, pero ¡vale la pena! Estamos convencidos que muchas aristas hay que trabajar de manera detallada y dedicada. Sin apresurarnos en el deber cumplir, más bien centrados en el arte del buen sembrar. Es esperanzador darnos cuenta que Dios no deja de obrar, que de a poco se nos abren puertas a ciertas oportunidades donde se nos permite ir ejerciendo anhelos de una Iglesia que sigue buscando rejuvenecer y no estancarse.

Como Iglesia tenemos el deber de comenzar a transitar nuevos caminos, donde los modos y formas de acoger a los jóvenes y a todos los hermanos, deben volverse más amenos y cercanos, estando más atentos a sus inquietudes y necesidades. Es así como sostenemos y reiteramos que debemos esforzarnos por crear espacios fraternos y atractivos donde se viva con sentido, permitiéndoles a los jóvenes guiar a otros jóvenes, viviendo un verdadero apostolado entre sus amigos, un “hogar” donde se viva el encuentro de respeto mutuo, un lugar donde nadie puede ser indiferente o ajeno, donde los jóvenes puedan entrar y salir con libertad, donde puedan acercarse espontáneamente y con confianza al encuentro con otros jóvenes; con paciencia y amor, perdonando sin evaluar o juzgar a la persona, creando de esta manera lazos fuertes para renacer de nuevo de la mano del Dios vivo, que hace nueva todas las cosas.

Las grandes ilusiones y proyectos se cimientan de la actitud firme y fiel en Dios Padre misericordioso que nos sostiene y tiene grandes planes para cada uno de nosotros.

Cuando los jóvenes tienen la confianza y el espacio para dar su opinión sin prejuicios, fuera del alcance adulto céntrico de caducados modos, para ser verdaderamente escuchados, surgen grandes ideas, como lo ha sido llevar a cabo el tan anhelado Espacio de Encuentro Joven “Cristo Vive”. Hace exactamente tres años nuestra Iglesia Universal, convocó a nuestros obispos del mundo a un sínodo con el tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional», resultado de esto el Papa Francisco nos presentó su Exhortación «Christus Vivit». Con esta misma temática y con el anhelo de caminar juntos bajo estas conclusiones, los jóvenes de parroquia de nuestra Arquidiócesis, trabajaron, analizaron y dialogaron en compañía de nuestro arzobispo, brotando de allí, distintas reflexiones y mociones. En esa instancia una joven líder de parroquia solicita a nuestro arzobispo, tener un lugar donde los jóvenes puedan desarrollar sus potencialidades, caminar en la fe y estrechar vínculos con otros jóvenes en la variedad de intereses propios de la juventud y la persona humana. En ese diálogo don Fernando Chomali responde, que los jóvenes de nuestra arquidiócesis tendrán ese lugar, y hoy se hace efectivo este primer paso para tal anhelado proyecto, ubicado en las dependencias de la comunidad San José de Concepción, en el mismo año que, como Iglesia, conmemoramos a este fiel servidor de Dios y miembro de nuestra Sagrada Familia de Nazaret.

Hoy queremos compartir con todos una gran invitación, asumiendo la parte que nos toca, de poder ser partícipes de este milagro que nos posibilita soñar una sociedad más justa, un mundo más humano, y por tanto más divino, “para que los jóvenes en Jesús tengan vida abundante” den fruto y su fruto sea bueno para el pueblo y el reino de Dios.

 

Milton y Fanny
Delegados episcopales
para la Pastoral de Juventud

Publicado el: 5 octubre, 2021